Cuatro poderosas razones por las que te es (im)posible cambiar

Cuatro poderosas razones por las que te es (im)posible cambiar
 \  Mente  \  Cuatro poderosas razones por las que te es (im)posible cambiar

Cuatro poderosas razones por las que te es (im)posible cambiar

Comparte la información con tus amigosShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Print this pageEmail this to someone

Cambiar a mejor. Todo el mundo aspira a ello. Hasta el más dejado está dispuesto a mejorar su vida. Nadie quiere continuar teniendo sobrepeso o atiborrándose de pastillas para controlar su tensión. Nadie.

Pero es difícil. Cambiar es la empresa más compleja a la que un ser humano puede enfrentarse. Y parte de esa complejidad radica en la no comprensión de la naturaleza y componentes de la mente humana. Somos esclavos de nosotros mismos.

Conocer la máquina que portas entre tus dos orejas te abre la puerta al cambio. Eso sí, sin varitas mágicas.

Ya que has empezado a leer te lo confesaré, el título del artículo debería llamarse: cambia tu vida fácilmente trabajando como un cabrón. Vamos allá.

 

Mirando hacia atrás para comprender por qué te has pillado otra vez navegando en Facebook sin querer

 

 

 

MITO Nº1. El ser humano es un ser eminentemente racional que se marca objetivos y los persigue inteligentemente usando la información y recursos a su disposición.

REALIDAD Nº1. El ser humano es un ser eminentemente emocional cuya conducta es motivada en gran medida por determinantes inconscientes que inundan su vida.

 

 

 

Hace muchos millones de años, el primitivo sistema nervioso de los animales más evolucionados podía dividirse en tres sencillas partes: cerebro anterior, medio y posterior. Su única función: responder a las demandas ambientales de forma inmediata para optimizar las posibilidades de supervivencia de la especie. Acción, reacción. Punto.

Con el paso de los (millones de) años el cerebro anterior de los mamíferos ganó protagonismo y delegó importantes funciones a distintas zonas de nuestra neurología. Así nacía la amígdala (reacción emocional), hipocampo (memoria) e hipotálamo (equilibrio interno) conformando estas tres áreas lo que hoy conocemos como sistema límbico. Esto nos permitió mayor sociabilidad, capacidad de relación y una gama más amplia de respuestas.

La cartera de servicios del sistema nervioso se expandía.

Pero la especialización del cerebro anterior continuó. Nace así el neocortex o corteza cerebral, y dentro de ésta la corteza prefrontal. Ella nos permitió planear, considerar los pros y contras de una determinada acción, adelantarnos al futuro. Ya no estábamos condicionados. Nos dio la capacidad de elección, el verdadero atributo diferencial del ser humano.

Nosotros, simples monos, habíamos sido dotados con la razón.

¿Y por qué os cuento todo este rollo neurológico?

Porque confiamos demasiado en el último en aparecer en escena. El neocortex y la corteza prefrontal son aún elementos de nuestro sistema nervioso vírgenes, con poco rodaje, inexpertos. No olvidemos que el lenguaje apareció como tal hace solo 40.000-50.000 años.

En la otra cara de la moneda, no damos la importancia que merece a los verdaderos sabios de nuestro sistema nervioso: las estructuras subcorticales, es decir, todo lo que queda debajo del neocortex. El rodaje evolutivo de estas estructuras es de muchos millones de años.

Y durante todo este tiempo dichas estructuras han estado perfeccionándose.

El resultado: tus sistemas subcorticales son mucho más competentes, poderosos y efectivos que los sistemas corticales. Y pueden trabajar a tu servicio o en tu contra.

Vale, esto de cortical y subcortical te suena a chino-koreano-japonés.

Esto ocurre porque entendemos el mundo solo en base a lo que ya sabemos. Por esto las metáforas son tan útiles.

Piensa en tu sistema subcortical e involuntario como un caballo que atiende sus necesidades, instintos y deseos automáticamente. Encima de él, un jinete que trata de dictar sus razonamientos fríos y decirle al caballo por donde tiene que tirar.

¿El problema? En la mayoría de personas el jinete y el caballo se llevan bastante mal. Y esta mala relación te impide cambiar. Vamos a ver un poco más.

Aprendiendo equitación para comenzar a cambiar

Haces acopio de dos sistemas mentales que impregnan toda tu vida y tus acciones. Aunque complementarios, ambos sistemas son muy diferentes entre sí.

Pero el secreto es éste: trabajas mucho con uno e ignoras el otro.

Sistema voluntario: dependiente de tu córtex cerebral y más concretamente, de tu corteza prefrontal. Te permite hacer cosas tan interesantes como hablar, planear, anticipar el futuro, valorar distintos caminos a seguir y elegir el más oportuno. Es la maquinaria del trabajo intelectual consciente. Necesitas este sistema para hacer un problema de matemáticas o planear qué sitios vas a visitar en tu próximo viaje. Es aquello que se hipertrofia en la escuela. Todo lo que aflora en tu consciencia. Es tu jinete. Pero no podemos depender únicamente de la última “pijada neurológica”.

Sistema involuntario: inconsciente, automático y menos aparente. Depende de otras estructuras subcorticales menos localizadas en el sistema nervioso. Se encarga de funciones como mantener la homeostasis (equilibrio) interna regulando funciones como frecuencia cardíaca y respiratoria o la tensión arterial. Es la inteligencia innata que habita en tu cuerpo. Aquella que cicatriza heridas y suelda huesos. Es tu mente inconsciente. Tu instinto. Tu “gut feeling”. Tu caballo. Llámalo como quieras.

La contraposición de los dos sistemas ha quedado reflejada en las obras de grandes pensadores de todos los tiempos:

Platón hablaba de que el ser humano se comporta como un carro liderado por dos caballos: uno noble y obediente (la razón) y otro sordo como una tapia e impetuoso (la pasión).

San Pablo en los Galateos contrapone los deseos del espíritu (la razón) y la carne (la pasión).

Ovidio, en su obra Metamorfosis refleja el problema en Medea, que tiene que decidir entre la obediencia a su padre o su amor por Jason.

David Hume nos comentaba abiertamente: “la razón es y debe ser esclava de las pasiones y nunca puede aspirar a ningún otro oficio más que servirlas”. La ciencia le ha dado la razón, como veremos.

MITO Nº2. El jinete (la razón) manda en todo momento sobre caballo (sistema involuntario) y éste obedece sin más.

REALIDAD Nº2. El caballo domina nuestras vidas a menos que nos pongamos seriamente a trabajar para que caballo y jinete colaboren en unos objetivos comunes.

La tiranía de la bestia sometida al laboratorio

La ciencia ha podido constatar la tiranía del caballo en el laboratorio en repetidas ocasiones.

Walter Mischel y los marshmallows (1)

Eres un niño de 4 años. Te meten en una habitación con un científico guay (¡bien!). Te dan juguetes y se ganan tu confianza. Acto seguido te comentan que van a salir un momentillo y dejarte solo. Ah, y se van a dejar una nube de gominola en la mesa dentro de la sala. Si quieres (¡claro que sí!) puedes cogerla. Pero si esperas 10 minutos (no, no) el investigador te dará dos nubes. El investigador se va. El niño saliva, mira la chuche, sufre. Su caballo relincha por coger la nube.

Pasan 15 años y el investigador llama a tus papas para ver qué tal te ha ido en la vida. Resulta que aquellos niños que fueron capaces de entretener a su caballo, redirigir su atención y esperar 10 minutos habían sido elegido en las mejores universidades, tenían los mejores trabajos y ganaban los salarios más altos.

Tu capacidad para conciliar jinete y caballo es un buen predictor de cómo te irá en la vida

Antonio Damasio y los amputados emocionales

Dentro de la racional corteza prefrontal se coló un área cerebral principalmente vinculada a la respuesta emocional de placer o aversión que sientes al exponerte a un estímulo (véase, un gato muerto en la carretera).

Se trata de la corteza orbitofrontal (COF). Nuestro siempre brillante Antonio Damasio ha podido constatar qué les ocurre a pacientes con lesiones en ésta área dedicada a la respuesta emocional.

Cabría pensar que toman mejor sus decisiones una vez liberados de la tempestad emocional que sufrimos los mortales.

Pero no.

Lo contrario es perfectamente cierto: sin COF funcionando, son incapaces de elegir entre un abanico de opciones (2). No saben lo que quieren.

El caballo sabe lo que quiere al instante de mostrárselo y el jinete después hace lo que puede.

Sin el caballo, tenemos a un jinete inútil. Sin emoción, no somos nada.

MITO Nº3. Podemos elegir el camino más adecuado a seguir apoyándonos únicamente en nuestra razón e intelecto.

REALIDAD Nº 3. Tomamos decisiones de forma emocional (caballo) y la razón solo sopesa los pros y contras a posteriori, pudiendo modificar o no la decisión (jinete).

¿Piensas que siempre eliges tu conducta? Piensa de nuevo. 

Te sientan en una silla. Tienes dos botones: rojo y verde. Miras a un punto en una pantalla sobre el cual se proyectará una palabra con carga emocional. Tienes que decir si tal palabra es buena o mala (3).

Sencillo, ¿verdad?

De repente te ves dudando medio segundo sobre si la palabra “jardín” es buena o no. ¿Qué ha pasado? Pues que la máquina ha proyectado subliminalmente (sin que te des cuenta) la palabra “miedo”, tu caballo infinitamente audaz lo ha captado y te ha hecho sentir un flash de negatividad, lo que te ha hecho dudar.

Todo sin que te des cuenta.

Si en vez de proyectar palabras usamos caras de personas blancas y negras, nos encontramos tristemente con que todos los americanos independientemente de edad, clase social o filiación política reaccionan con un flash de negatividad a las caras negras.

Incluso aquellas personas que conscientemente creen que no tienen prejuicios contra los negros. Esto es racismo cultural.

Somos nuestro ambiente. Y si nuestro ambiente es racista nuestro caballo también lo es. Y si nuestro caballo es racista, ¿somos nosotros racistas?.

Este prejuicio inconsciente se encuentra incluso en afroamericanos. Sin embargo, los africanos viviendo en EEUU no muestran esta conducta (4).

Acojoalucina

Uno de los más acojolucinantes trabajos que veremos en este post viene de la mano de Brett Pelham, que descubrió que cuando alguien escucha su nombre o una palabra parecida, el caballo siente placer, lo que le lleva a actuar de una determinada forma. El caballo es egocéntrico por naturaleza.

De esta forma cuando Dennis considera escoger una carrera es más probable que sea dentista (Dentist). Lawrences o Lauries son más proclives a ser… abogados! (lawyers). Louis y Louise tienen a vivir en Louisiana o San Louis. George y Georgina tienden a mudarse a Georgia. La gente es más proclive a casarse con personas cuyos nombres son parecidos a los suyos: Jerry y Judy, Brian y Bethany, Jon y Jayne.

El caballo condiciona lo que hacemos, con quién y dónde vivimos. Y todo inconscientemente. Ahora entendéis por qué es tan difícil cambiar.

Cuando gritas: ¡VOY A CAMBIAR!, el que grita es el jinete. Y si no haces nada más que eso, al caballo se la repampimfla. Grita todo lo que quieras. A menos que entiendas el funcionamiento del caballo y te decidas a domarlo, nada de nada.

La sopa de palabras que te hace andar más lento

Imagina que participas en un experimento (5) en el que te piden que organices una serie de palabras mezcladas para crear frases con sentido (tipo Scramble). Cuando termines, el investigador te estará esperando en el recibidor.

Una vez terminado sales al recibidor, donde está el investigador hablando con alguien sin prestarte atención. Si las palabras con las que trabajaste contenían vocablos relacionados con “agresividad”, “malestar” o “mala educación” probablemente interrumpirías al investigador, llamándole la atención.

Sin embargo, expuesto a palabras como “amabilidad” o “respeto”, te quedarías sentado esperando a que te hicieran caso (6). Y todo eso sin tener tú ni idea de qué va el experimento.

Así es como nuestro caballo inconscientemente manipula nuestra conducta.

Hay más: aquellas personas expuestas a palabras relacionadas con la tercera edad hacían andar más despacio a los participantes (7) (the elderly effect), si se exponían a “profesor”, lo hacían mejor en el Trivial Pursuit y si se les mostraba palabras relacionadas con “hooligans”, obtenían peores puntuaciones(8).

La caja de herramientas para cambiar

“El universo es cambio y la vida no es sino aquello que tú consideras que es”

 Marco Aurelio

 

 

MITO Nº4. He intentado cambiar innumerables veces y he fracasado. Serán mis genes o lo que sea, pero yo no puedo cambiar.

REALIDAD Nº 4. Puedo adiestrar al caballo para que colabore conmigo de cara a conseguir mis objetivos en la vida.

Si has leído hasta aquí, sabes un poco más sobre por qué nos cuesta tanto cambiar. Pero no todos son malas noticias.

Aunque se me hace tarde, voy a tener que dedicarle otro post a este tema (te dejo unas pistas).

 

  • Medita
  • Cambia de percepción
  • Terapia cognitiva
  • Desarrolla tu mantra
  • Escribe
  • Actúa
  • Repite
  • Exposición ambiental consciente
  • Cambia tu identidad

Todas son herramientas utilizadas hasta la saciedad por miles antes que tú con magníficos resultados.

Si quieres cambiar, jinete, tendrás que entrenar a tu caballo.

Comparte la información con tus amigosShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Print this pageEmail this to someone
Dr. Bandera

Médico Interno Residente (MIR). R1 Endocrinología y Nutrición. ¿Mi pasión? El potencial humano. ¿Mi misión? La optimización de la salud desde una perspectiva integradora.

Entradas relacionadas

  • Medicina

    Entropía, Ambiente, Salud y Enfermedad

    Comparte la información con tus amigosSegunda ley de la termodinámica: La cantidad de entropía del Universo tiende a incrementarse con el tiempo.La entropía, ese extraño concepto físico del que tanto se habla, es una medida del desorden de un sistema. Un concepto que monitoriza el nivel de caos del que hace acopio un sistema. En

  • Mente

    8 herramientas inmediatamente accionables para dejar de hablar y empezar a cambiar

    Comparte la información con tus amigosCambiar: en el último post explorábamos el por qué resulta tan difícil y cómo el desconocimiento de nuestros sistemas mentales se opone a tal hazaña. En definitiva, analizamos por qué del dicho al hecho hay un buen trecho. Pero un análisis no va a cambiar la cosa. Necesitas herramientas prácticas

  • Mente

    La ciencia del hábito y el arte del cambio: aprendiendo a tomar el control

    Comparte la información con tus amigos¿Cuáles son los determinantes de la conducta humana? ¿Por qué una persona, con aparentemente menos recursos termina en lo más alto mientras que otra tras haber comido toda su vida con cuchara de plata no es capaz de desenvolverse en la vida? ¿Dónde reside la motivación? ¿Se puede entrenar? ¿Cuál

Dejar un comentario

Los campos requeridos están marcados. Su email no será publicado.*

Únete y crece con nosotros semanalmente

Quiero hacer una donación

Te esperamos en las RRSS!

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Print this pageEmail this to someone

Correo

empoderamientoporbandera@gmail.com