Las 10 causas de obesidad y daño metabólico que no te contaron y qué hacer para atajarlas (parte II): obesógenos e inflamación.

Las 10 causas de obesidad y daño metabólico que no te contaron y qué hacer para atajarlas (parte II): obesógenos e inflamación.
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Las 10 causas de obesidad y daño metabólico que no te contaron y qué hacer para atajarlas (parte II): obesógenos e inflamación.

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En la parte 1 analizamos dos causas de obesidad poco conocidas: un mal estado de la microbiota y la baja densidad nutricional de los alimentos que consumimos. Continuamos con la serie de posts analizando otras dos causas de daño metabólico que pueden echar por tierras tus esfuerzos por mejorar tu salud y tu aspecto.

#3 Toxinas ambientales y obesógenos

 

Cuando tu madre te trajo al mundo llevabas en tu cordón umbilical unos 287 xenobióticos, de los cuales 180 son cancerígenos en modelos animales o humanos, 218 son tóxicos para el sistema nervioso y 217 pueden causar defectos connatales (1).

Así, sin comerlo ni beberlo.

¿Que qué son los xenobióticos? Se tratan de compuestos químicos no presentes en la naturaleza por ser producto de la actividad humana.

Es penoso que un homo sapiens recién llegado tenga que exponerse a más de 200 sustancias químicas desconocidas para su genoma.

Vivimos en un mundo contaminado. Es un hecho que tenemos que aceptar. Sin embargo, dentro del margen de contaminación esperable, depende de nosotros el situarnos en el extremo inferior o superior.

Depende de ti.

Obesidad y contaminación: ¿amistades peligrosas?

 

Nos encontramos con que a mayor nivel de contaminación ambiental hay mayores cuotas de obesidad (2).

¿Casualidad o causalidad?

Plásticos, pesticidas, ftalatos, bisfenol A, mercurio, plomo o arsénico son solo un puñado de tóxicos a los que nos exponemos diariamente.

Tóxicos contra los que nuestra biología no está acostumbrada a batallar. Nuestro genoma no los reconoce como posibles enemigos y por lo tanto, encuentra problemático el deshacerse de ellos. Y aun así, nos deshacemos de la mayoría.

Y por supuesto, tóxicos que dañan nuestro metabolismo, hormonas y función cognitiva (3), uniéndose a nuestros receptores celulares y “pulsando botones” de nuestra biología que deberían dejarse intactos.

Sería como dejar pasar a un grupo de preescolares a una compleja central nuclear y que empiecen a tocarlo todo aleatoriamente.

Chungo tema.

Obesógenos y set-points metabólicos

 

Muchos de estos tóxicos han sido brillantemente nombrados como Obesógenos (4). Estas moléculas son disruptores endocrinos, lo cual significa que son capaces de interactuar e influir en nuestro sistema endocrino, activando o inhibiendo determinados receptores hormonales.

Volviéndolo loco.

Estas moléculas tienen la capacidad de activar vías metabólicas obesógenas que predisponen a la obesidad. De hecho, pueden modificar los “set-points” metabólicos (5)(6) , sobre todo si la exposición a los mismos se realiza en etapas precoces de la vida.

Un set-point metabólico es algo así como el punto de corte de tu metabolismo, el cual decidirá si tienes un metabolismo de obeso o de delgado.  Tu metabolismo siempre se ajusta a este set-point o “punto de ajuste”. Si tu set-point es “obesoide”, cuando consigas bajar peso tu metabolismo luchará para oponerse a ese cambio, puesto que está programado para devolverte a tu set-point.

Así de duro.

Es por ello que el 90% de personas que logran perder peso lo ganan en un año (7), están luchando contra lo establecido (en términos metabólicos). Su set-point metabólico es excesivamente ahorrador. Y resulta que podemos programar este set-point a edades muy tempranas. Como antes de nacer, por ejemplo.

De la abrumadora estadística anterior podemos concluir que la mejor forma de perder peso es no ganarlo nunca. Pero no desesperéis, hay formas de alterar dicho set-point y crear tu nueva “identidad metabólica”.

¿Es sencillo? No.

¿Es posible? Completamente.

Obesógenos y diferenciación celular

 

Siguiendo con los obesógenos, se ha demostrado que la exposición in utero a estas sustancias provoca la diferenciación de células madres multipotentes hacia adipocitos (células grasas) (8). Las células madres multipotentes son aquellas que por definición pueden dar lugar a cualquier estirpe celular de tu cuerpo, ya sea un miocito en tu músculo o una neurona en tu sistema nervioso.

El mensaje que los obesógenos les confieren a estas células es: eh, tú, conviértete en una célula grasa y almacena energía por si en un futuro hiciera falta y tal.

Y obedecen. Siempre obedecemos al ambiente. Somos ambiente.

Les estamos obligando desde antes de nacer a que se especialicen en “grasología”.

Obesógenos y centros de recompensa cerebrales

 

Pero no solo va el asunto de células grasas. También alteran la organización y funcionalidad de vías dopaminérgicas encargadas de la regulación comportamental, es decir, alteran directamente el sistema de recompensa cerebral, lo cual puede tener efectos en el individuo durante toda la vida cuando la exposición es temprana (9).

Yendo aún más lejos, exposiciones tempranas a estos químicos pueden ejercer efectos transgeneracionales (10). Sufres las consecuencias de lo que tu padre, madre y abuelos respiraron, comieron y bebieron.

Pero no pienses en ello. Piensa mejor en tus nietos.

No podemos culparlos como el único motivo de la epidemia de obesidad, por supuesto. Pero son contribuyentes sin duda alguna, y poco se hace al respecto.

¿Quiénes son los malvados y dónde se encuentran?

 

Hasta el día de hoy, al menos 27 obesógenos han sido identificados de forma oficial (11):

  • Bisfenol A, localizado en los plásticos . Sus niveles en orina predicen la resistencia a la insulina en niños obesos (12).
  • Tributilo de estaño
  • Tiazolidinedionas, famosos antidiabéticos orales.
  • Antidepresivos tricíclicos (13)
  • Antipsicóticos atípicos
  • Tributilina (8)
  • Plomo
  • Dicloro difenil tricloroetano (DDT), un pesticida.
  • Ftalatos, usados como plastificadores.
  • Bifenilos policlorados: se usan como fluidos dieléctricos e hidráulicos, como modificadores de aceite (adelgazadores), como fluido de intercambio de calor y en bombas de vacío.
  • Humo de tabaco. Hijos de madres fumadoras tienen mayor riesgo de ser obesos en el futuro (14)
  • Triflumizol, un fungicida.
  • Hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAHs): producto de la combustión de combustibles fósiles. El benzopireno, por ejemplo, disminuye la lipólisis (degradación grasa) y estimula la lipogénesis (formación grasa) (15).

Os dejo esta noticia para la reflexión: el incendio de Seseña.

¿Qué puedo hacer yo, ser humano en el planeta tierra, para evitar los obesógenos?

 

  • Primero y ante todo, conocer que existen y que son una realidad.
  • Segundo, tratar de conocer quiénes son los malvados y dónde se encuentran.
  • Tercero, evitarlos sin volverte paranoico. Hay muchos otros factores igual o más importantes en el mantenimiento de la salud metabólica y sabemos que no todos podemos aislarnos de esta sociedad esquizofrenógena, meternos en una cueva y respirar aire del Himalaya.

Algunas acciones más concretas son:

  • Consumir agua filtrada. Una jarra tipo Brita viene de maravilla (enlace).
  • Hidrátate. Dale una oportunidad a tu cuerpo para filtrar tóxicos. Tienes un sistema détox maravilloso, pero necesita agua para funcionar.
  • Evitar usar plásticos para el empaque y almacenamiento de alimentos (Bisfenol A).
  • Consume productos orgánicos y ecológicos. Sus precios pueden ser prohibitivos y pocos pueden permitírselo hoy día, pero le estás haciendo un favor a tu salud evitando tragar pesticidas, antibióticos, hormonas y disruptores endocrinos varios.
  • Comprar en pequeño comercio. Cuanto menor distancia haya desde el lugar donde nace el alimento hasta tu tenedor, mucho mejor.
  • Correcto lavado de frutas y verduras.
  • Algunos micronutrientes que ayudan a detoxificar: vitamina C, complejo vitamínico B, Selenio, Zinc, N-acetil-cisteína, ácido alfa lipoico (ALA).

Y recuerda, la mejor herramienta détox es tu hígado. No necesitas dietas milagros o sobrevivir a base de batidos de brócoli durante un mes para “limpiarte”.

#4 La temida inflamación

 

La ciencia, en las últimas dos décadas ha podido constatar que las enfermedades crónicas que nos matan y hacen la vida imposible (Enfermedad cardiovascular, Cáncer o Patología autoinmune, entre otras) son solo posibles en un ambiente proinflamatorio.

Con los tres grandes frentes de batalla de la patología metabólica: Obesidad, Síndrome metabólico y Diabetes, pasa exactamente lo mismo. Son amigos de la inflamación.

La inflamación es un caldo de cultivo para que pasen cosas malas.

Y estamos muy, pero muy inflamados.

Cada vez tengo más claro que vivimos en una sociedad proinflamatoria y disfuncional.

¿Mis razones para afirmar esto?

Todo está perfectamente dispuesto para favorecer la inflamación:

  • Alimentos hiperprocesados adictivos que te sientan como un tiro (pero están buenísimos) unidos a recomendaciones dietéticas que dejan mucho que desear.
  • Vorágine de tareas poco importantes que hacer, que asesinan tu concentración, agotan tus energías, generan estrés y te alejan de lo que de verdad aporta sentido a tu vida
  • Pocas horas de sueño, o sueño de mala calidad.
  • La carrera de ratas, la carrera del “algo más”. Algo más que conseguir. Algo más que hacer. Algo más que agarrar antes de poder ser feliz. Y la vida se nos escurre entre esos dedos que intentan agarrar algo más. Nacemos. Vamos al colegio y lo hacemos muy bien para ir al instituto y hacerlo muy bien. En el instituto lo petas para poder hacer un buen bachiller, que haces genial por supuesto para poder ir a la universidad, estudiar la carrera “que quieres” para poder tener un buen trabajo. Luego te ves trabajando en tu “buen trabajo” 40 años para jubilarte y poder hacer de una maldita vez lo que de verdad te gusta. Solo una pega y media. Ya estás viejo, tus energías no son las mismas y maldices la hora en la que dejaste escapar la vida persiguiendo una quimera que resultó ser una ilusión. Además, no sabes lo que es el presente, tu maquinaria mental siempre está buscando ese “algo más”. Pero no hay nada más. La vida está aquí. Así de simple.

Este estilo de vida, al menos en mi opinión, es tremendamente inflamatorio, y ninguna cápsula o suplemento podrá paliar esa inflamación.

¿Qué puedo hacer para disminuir la inflamación y mejorar mi salud?

 

  • Omega-3: un ratio ácidos grasos omega 6: omega 3 elevado está directamente relacionado con obesidad (16). Ya sabes, más sardinas y menos estatinas. La próxima vez que vayas a comprar piensa en lo siguiente:
    • Semillas de lino
    • Salmón
    • Semillas de chía
    • Sábalo
    • Sardina
    • Bacalao
    • Caballa
    • Arenque
    • Nueces
  • Cuida tu microbiota: una alteración de la misma conlleva que ciertas toxinas producidas por las bacterias “malas”, como el LPS (lipopolisacárido) atraviesen tu barrera gastrointestinal cuando no deberían. Cuando este LPS pasa a la circulación a través de tu barrera gastrointestinal, activa enérgicamente respuestas inmune innatas y específicas que terminan en un estado inflamatorio crónico (17). Ya vimos cómo mejorar el estado de tu microbiota en la parte I.
  • Ejercicio físico: cada vez que realizas contracciones musculares vigorosas estás liberando citoquinas (mensajeros) anti-inflamatorios a tu circulación. Esta es una de las virtudes del entrenamiento físico de fuerza (entrada) (18)(19)
  • Buen manejo del estrés: el estrés crónico y la resistencia a la insulina van de la manita (20).
  • Vitamina D, tus niveles de 25(OH)D3 deberían estar por encima de 30 ng/ml. Si no es así, supleméntate o mejor, toma el sol. Menores cantidades plasmáticas de vitamina D se relacionan con inflamación(21, 22, 23)
  • Evita alergias, intolerancias y sensibilidades Gluten y lactosa son dos candidatos a producir este tipo de problemas digestivos que repercuten en todo el organismo. Si percibes que algún alimento o grupo alimentario te sienta mal (gases, malas digestiones, hinchazón abdominal, pesadez, poca energía) elimínalo por una semana y analiza cómo te sientes.
  • Dormir: la falta o mala calidad del sueño produce un desbalance neuroendocrino tremendo mediante la alteración del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, un importante eje endocrino que regula, por ejemplo, tus niveles de cortisol, una de las más conocidas hormonas “de estrés”. Peor sueño es igual a hipercortisolemia (mucho cortisol en sangre), y esto trae problemas metabólicos (24).

 

Si te fue de utilidad o aprendiste algo, compártelo.

¡Un saludo y nos leemos en la siguiente entrada!

 

  1. Environmental working group. BODY BURDEN: THE POLLUTION IN NEWBORNS.
  2. Casals-Casas C, Desvergne B. Endocrine disruptors: from endocrine to metabolic disruption. Annu Rev Physiol. 2011;73:135–62.
  3. Hyman M. Systems biology, toxins, obesity, and functional medicine. Altern Ther Health Med [Internet]. [cited 2016 May 19];13(2):S134–9.
  4. Grün F. Obesogens. Curr Opin Endocrinol Diabetes Obes [Internet]. 2010 Oct [cited 2016 May 19];17(5):453–9.
  5. Regnier SM, Sargis RM. Adipocytes under assault: Environmental disruption of adipose physiology. Vol. 1842, Biochimica et Biophysica Acta – Molecular Basis of Disease. 2014. p. 520–33.
  6. Heindel JJ, vom Saal FS, Blumberg B, Bovolin P, Calamandrei G, Ceresini G, et al. Parma consensus statement on metabolic disruptors. Environ Health [Internet]. 2015;14(1):54.
  7. Soediono B. Long-Term Persistence of Hormonal Adaptations to Weight Loss. N Engl J Med. 2011;365(17):1597–604.
  8. Kirchner S, Kieu T, Chow C, Casey S, Blumberg B. Prenatal Exposure to the Environmental Obesogen Tributyltin Predisposes Multipotent Stem Cells to Become Adipocytes. Mol Endocrinol [Internet]. 2010;24(3):526–39.
  9. Vaiserman A. Early-life Exposure to Endocrine Disrupting Chemicals and Later-life Health Outcomes: An Epigenetic Bridge? Aging Dis [Internet]. 2014;5(6):419–29.
  10. Skinner MK, Manikkam M, Guerrero-Bosagna C. Epigenetic transgenerational actions of endocrine disruptors. Vol. 31, Reproductive Toxicology. 2011. p. 337–43.
  11. Heindel JJ, Newbold R, Schug TT. Endocrine disruptors and obesity. Nat Rev Endocrinol [Internet]. Nature Publishing Group; 2015;11(11):653–61.
  12. Menale C, Grandone A, Nicolucci C, Cirillo G, Crispi S, Di Sessa A, et al. Bisphenol A is associated with insulin resistance and modulates adiponectin and resistin gene expression in obese children. Pediatr Obes [Internet]. 2016 May 17 [cited 2016 May 19];
  13. Serretti A, Mandelli L. Antidepressants and body weight: a comprehensive review and meta-analysis. J Clin Psychiatry. 2010;71(10):1259–72.
  14. Ino T. Maternal smoking during pregnancy and offspring obesity: Meta-analysis. Pediatr Int. 2010;52(1):94–9.
  15. Irigaray P, Ogier V, Jacquenet S, Notet V, Sibille P, M??jean L, et al. Benzo[a]pyrene impairs ??-adrenergic stimulation of adipose tissue lipolysis and causes weight gain in mice: A novel molecular mechanism of toxicity for a common food pollutant. FEBS J. 2006;273(7):1362–72.
  16. Simopoulos AP. An Increase in the Omega-6/Omega-3 Fatty Acid Ratio Increases the Risk for Obesity. Nutrients [Internet]. 2016 [cited 2016 May 19];8(3).
  17. Gregor MF, Hotamisligil GS. Inflammatory Mechanisms in Obesity. Annu Rev Immunol [Internet]. 2011;29(1):415–45.
  18. Petersen AMW, Pedersen BK. The anti-inflammatory effect of exercise. J Appl Physiol [Internet]. 2005 Apr 1 [cited 2015 Oct 6];98(4):1154–62.
  19. So B, Kim H-J, Kim J, Song W. Exercise-induced myokines in health and metabolic diseases. Integr Med Res. 2014;3(4):172–9.
  20. Yan Y-X, Xiao H-B, Wang S-S, Zhao J, He Y, Wang W, et al. Investigation of the Relationship Between Chronic Stress and Insulin Resistance in a Chinese Population. J Epidemiol [Internet]. 2016 Jan 30 [cited 2016 May 19];
  21. Nonn L, Peng L, Feldman D, Peehl DM. Inhibition of p38 by vitamin D reduces interleukin-6 production in normal prostate cells via mitogen-activated protein kinase phosphatase 5: implications for prostate cancer prevention by vitamin D. Cancer Res [Internet]. 2006 Apr 15 [cited 2016 Jan 13];66(8):4516–24.
  22. Díaz L, Díaz-Muñoz M, García-Gaytán AC, Méndez I. Mechanistic Effects of Calcitriol in Cancer Biology. Nutrients. 2015;
  23. Carlberg C, Head GA. The physiology of vitamin D—far more than calcium and bone. Article. 2014;5(1).
  24. Hirotsu C, Tufik S, Andersen ML. Interactions between sleep, stress, and metabolism: From physiological to pathological conditions. Sleep Sci (São Paulo, Brazil) [Internet]. 2015 Nov [cited 2016 May 19];8(3):143–52.
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Dr. Bandera

Médico Interno Residente (MIR). R1 Endocrinología y Nutrición. ¿Mi pasión? El potencial humano. ¿Mi misión? La optimización de la salud desde una perspectiva integradora.

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