Epigenética, Nutrición personalizada y cómo lo que comes conversa con tus genes

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Epigenética, Nutrición personalizada y cómo lo que comes conversa con tus genes

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Que el alimento sea tu medicina

                              Hipócrates de Cos

Hace 25 siglos que uno de los más sabios médicos que ha visto occidente dijo esto. Hoy ésta afirmación tiene más vigencia que nunca, y la ciencia más moderna no ha hecho si no darle la razón al médico Griego.

¿Pero acaso un alimento puede comportarse como una medicina en el sentido más estricto?

Sí.

De hecho, lo hacen continuamente, y hoy veremos cómo y por qué.

Nos tienen acostumbrados a pensar que sólo una molécula aislada y elaborada en un moderno laboratorio, en nombre de la ciencia, después de un complejo y costoso proceso puede tener un efecto “farmacológico” en nuestro organismo.

Oh, no, no, no. NO.

Nos han hecho pensar que los alimentos sólo son un medio para conseguir la energía necesaria para mantener en marcha nuestros procesos vitales.

Nada más lejos de la realidad.

La misma aspirina fue aislada de la corteza del Sauce Blanco (Salix Alba). La Warfarina y el Sintrom provienen del Melilotus officinalis.

Los fármacos más importantes, los que salvan más vidas, tienen un origen vegetal. La naturaleza los puso a disposición nuestra.

La naturaleza nos ha enseñado a crear fármacos. Por favor, no seamos tan científico-arrogantes.

Pues bien, los alimentos que comemos tienen un efecto directo y medible sobre nuestros genes. Lo que comemos determina qué genes se expresan y cuáles no. Lo que comemos maqueta, perfila y define nuestras vías metabólicas.

No eres lo que comes. Lo que comes determina en qué te conviertes. 

Hoy exploramos la novedosísima ciencia de la Nutriepigenómica.

Si te ha asustado el nombre, no eches a correr aún.

¿Nutriepigenómica?

Exacto. Se trata del estudio de la influencia de nuestra alimentación sobre nuestro epigenoma.

Entonces, habrá que recordar qué es y qué hace el dichoso epigenoma.

El epigenoma está constituido por las marcas moleculares que nuestro ambiente pone sobre (epi) nuestro conjunto de genes (genoma). Marcas que determinan qué genes se expresan y qué genes no en un interplay ambiente-genes en constante funcionamiento. 

Para entendernos, la epigenética (ciencia que estudia el epigenoma) se encarga de poner etiquetas sobre nuestros genes, las cuales decidirán si ese gen se expresa (es decir, cumple su función) o no (y permanece silente).

Estas “etiquetas ambientales”, puestas por el ambiente son fundamentalmente tres:

  • Metilación del ADN: incrustar grupos metilos en los genes.
  • Acetilación-desacetilación de histonas. Incrustar-eliminar grupos acetilo de estas moléculas. Las histonas son moléculas sobre las que la hebra de ADN se enrolla y determinan si éste (ADN) es apto para transcribirse o no, pues posibilitan que la cromatina esté más o menos condensada y accesible a la maquinaria de transcripción.
  • Modificaciones post-traduccionales de los ARN

En definitiva, alejándonos de las maravillas moleculares lo que nos interesa es lo siguiente:

Epigenética. Nutrición. Empoderamiento.

En una sencilla frase:

Es el ambiente el que determina qué genes se expresan y cuáles no. ¿Pero qué ambiente? Tu ambiente, el de tus padres, el de tus abuelos, y el de no sabemos cuántas generaciones más atrás. 

Por eso cuando decides fumarte el cigarrillo, comerte las galletas de chocolate y no hacer nada ante el estrés que sufres estás siendo muy irresponsable para con tus hijos, nietos y muy probablemente, las generaciones sucesoras.

Creo que es una razón potente para adoptar un lifestyle adecuado.

Pero claro, los problemas que aún no vemos delante de nuestras narices no nos incumben.

Bueno, entonces ya sabes que lo que te metes entre las muelas (entre muchas cosas más) determina la expresión de tus genes.

Se ha podido demostrar en los últimos años que estos cambios epigenéticos producidos por la dieta y el ambiente complementan las mutaciones genéticas clásicas y modifican el riesgo de padecer enfermedades crónicas como la artritis reumatoide, enfermedad metabólica, cáncer o enfermedad cardiovascular (1).

Hace pocos años creíamos que las modificaciones epigenéticas (etiquetas) se producían únicamente durante el desarrollo del individuo y se mantenían durante toda su vida sin alterarse demasiado.

Hoy sabemos que no es así.

Las modificaciones epigenéticas se producen constantemente, de manera acumulativa, y proveen una forma de adaptación ultrarápida al ambiente (2).

Estás adaptándote continuamente al ambiente que te rodea. Eres un ser dinámico. Mucho más de lo que los deterministas nos han hecho pensar.

El estilo de vida actúa directamente sobre la expresión de moléculas que regulan nuestro metabolismo tales como la leptina (la hormona que le dice a nuestro cerebro que ya no hay necesidad de comer más), TNF alfa (un factor de transcripción implicado en la inflamación), el receptor de insulina (la molécula a la cual la insulina se une en la membrana de la célula y que permite que ejerza su función) o la sintetasa de ácidos grasos (la enzima que ensambla las grasas) (3).

Y todo mediante modificaciones epigenéticas. Lo cual implica, repetimos, cambios:

  • Rápidos
  • Acumulativos
  • Reversibles

Así lo demuestran estudios en gemelos homocigotos que han vivido en ambientes no compartidos. Aunque nacieron con una copia idéntica de genes, con el paso de los años su panorama epigenético es totalmente diferente (4).

El ambiente nos moldea a todos de forma distinta.

Pero lo que más nos concierne es que determinados alimentos funcionales podrían actuar como moduladores epigenéticos en aquellas enfermedades causadas por el estilo de vida: patología metabólica, artritis reumatoide, Enfermedad cardiovascular, asma, EPOC, etc. (5).

Un desafío para el futuro será determinar qué marcas epigenéticas son alterables mediante cambios de estilo de vida, alimentos o fármacos (por orden de importancia).

La pregunta que muchos investigadores deberían estar haciéndose es:

¿Cómo podemos modificar la expresión génica para revertir la enfermedad crónica? 

La lista de la compra nutriepigenética

Veamos un listado de nutrientes con demostrado efecto epigenético (estudio). Esto es, que más allá de producir energía determinan, directa o indirectamente, qué genes de los que tu mamá y papá te dejaron se expresan y cuáles permanecen silentes.

Que no te la peguen con el reduccionismo farmacológico o nutricional.

  • Donantes de grupos metilos: Vitamina B12, Folato, Colina, Betaina (remolacha), Metionina, Serina y Glicina (aminoácidos). Si recordáis, los grupos metilos eran una de las “etiquetas” que permitían a la maquinaria epigenética actuar.
  • Ácidos grasos: butirato (generado por bacterias intestinales, entrada), ácido araquidónico (AA), ácido docosahexaenoico (DHA), ácido eicosapentaenoico (EPA). Estos dos últimos conforman los famosos omega-3.
  • Vitaminas: retinol (vit. A), tocoferol (Vitamina E) o vitamina C.
  • Fitoquímicos: genisteina (una isoflavona que actúa como fitoestrógeno), isoflavonas de soja, curcumina (cúrcuma), resveratrol (compuesto fenólico presente en uvas y otros frutos rojos), Sulforafano (presente en brócoli y otras crucíferas) y otros polifenoles.
  • Epigalocatenina 3 galato: compuesto presente en el té verde que está dando bastante que hablar.
  • Isotiocianatos
  • Witaferina A
  • Acetil-CoA
  • Hierro
  • Cetoglutarato
  • NAD+
  • S-adenosilmetionina

¿Entonces un alimento no puede tener un efecto farmacoactivo? ¿Magufadas?

No, falta de ciencia y de conciencia.

El alimento (como decía Hipócrates), el ejercicio físico (como decía Platón) y un sustento social rico son las mejores medicinas a las que un ser humano puede exponerse y SIEMPRE harán más por tu salud que cualquier fármaco, cirugía o procedimiento novedoso.

Otra cosa es lo que genere $$$.

¿Por qué necesitamos la personalización en Nutrición y Medicina?

 

 

La ciencia de la nutriepigenómica abre la puerta a personalizar el abordaje terapéutico tanto para recuperar la salud, como para maximizarla, bajo la premisa de que, si bien compartimos mucho, al final, a nivel endocrinometabólico todos somos diferentes.

Porque hemos estado expuestos a ambientes diferentes.

Por ejemplo, existen variantes genéticas para genes, como el que codifica la enzima Glutation-S-transferasa, que juega un papel crucial en el metabolismo de los glucosinolatos y biodisponibilidad de los isotiocianatos presentes en crucíferas como el brócoli (7).

De esta manera, dependiendo qué variante génica tengas metabolizarás de una forma u otra estos fitoquímicos tan beneficiosos del brócoli.

Y te beneficiarás más de una dosis (sí, dosis) de brócoli y no otra.

A esto vamos con la personalización.

Otro ejemplo. Existen genes llamados ADME (Absorption, Distribution, Metabolism and Excretion) que se encargan de eso mismo, de delimitar la forma en que se absorben, distribuyen, metabolizan y excretan compuestos farmacoactivos (alimentos) en nuestro organismo. Estos genes ADME son regulados epigenéticamente, de manera que en cada uno de nosotros se comportan de forma distinta (8).

Porque nuestras marcas epigenéticas son distintas.

Porque hemos sido moldeados por ambientes distintos.

El juego siempre funciona igual.

Algunos trabajos serios postulan que ciertas patologías, como la enfermedad de Chron, podrían beneficiarse mucho de un enfoque nutricional personalizado. En este caso, una dosis mayor de omega-3 podría ser beneficiosa para estos pacientes (9).

La idea es determinar tu idiosincrasia epigenética, derivada de tu idiosincrasia ambiental, y exponerte a aquellos nutrientes que más te vayan a beneficiar.

Inflamación crónica de bajo grado (ICBG) como modificador epigenético

Si tuviéramos que sentar en el banquillo de los acusados a un solo elemento culpable de la pandemia mundial de enfermedad crónica que sufrimos hoy, ese sería el maldito ICBG.

Digo, la Inflamación crónica de bajo grado.

Se trata de un estado de inflamación perpetuado en el tiempo (crónico) por un estilo de vida occidental (y suicida), compuesto por una dieta rica en productos hiperprocesados, azúcar, harinas ultrarefinadas, tóxicos y pobre en nutrientes y alimentos reales. Además de estrés desadaptativo. Además de patrones de movimientos antinaturales. Además de la pérdida de ritmos cronobiológicos naturales.

Además de todo.

Esta ICBG afecta sobre todo a los sistemas que regulan nuestra homeostasis (equilibrio) interna: endocrino, nervioso e inmune.

En otras palabras, desregula al regulador. No es de extrañar que las enfermedades crónicas que padecemos afecten de forma tan ubicua a tantos sistemas orgánicos.

El daño inflamatorio y el estrés oxidativo del que hablamos producen una reprogramación epigenética, determinando la expresión de citoquinas, oncogenes y genes supresores de tumores, todo lo cual allana el camino a enfermedades crónicas y cáncer.

Y recordad (entrada), vivimos en una sociedad proinflamatoria. En nuestras manos está minimizar el efecto que esta ejerce sobre nosotros.

Si nuestro ambiente es inflamatorio, nuestro ambiente es generador de enfermedad crónica y cáncer.  Por lo tanto, si podemos revertir, retrasar o eliminar las marcas epigenéticas propias de la LGCI, estaríamos haciendo mucho.

Sí, he dicho revertir.

Las modificaciones epigenéticas son reversibles. Si esta sentencia no fuera cierta ningún obeso habría vuelto al normopeso, ningún cáncer se hubiera curado y ningún infarto prevenido.

 

¿Qué son los fitoquímicos bioactivos?

 

Los fitoquímicos bioactivos son unos de los principales actores en esto de la nutriepigenómica.

¿Os habéis preguntado por qué las verduras están tan malas y son tan buenas?

Lo vemos después de la publicidad…

Que va, os lo explico ya.

Los fitoquímicos son sustancias de origen vegetal con una acción farmacoactiva. Esto significa que actúan modificando funcionalmente algún aspecto de tu fisiología, como cuando tomas un fármaco.

Pero con mucho menos efectos secundarios. Después de todo, llevamos millones de años ingiriendo vegetales.

Se ha podido demostrar que muchos fitoquímicos polifenólicos (resveratrol, por ejemplo) producen en el hombre efectos:

  • Antiinflamatorios
  • Cardioprotectores
  • Antioxidantes
  • Antibacterianos
  • Hormonales

No está mal para una planta, ¿verdad?

Xenohormesis: lo que no te mata (de asco) te hace más fuerte

Las plantas son seres vivos. Y viven en la naturaleza. Son naturaleza. Y la naturaleza siempre busca la autopreservación.

Se defiende. Lucha. Pelea. Corre.

Pero las plantas no tienen colmillos, trompas, cuernos ni zarpas. ¿Cómo se defienden?

Elaborando moléculas químicas.

La teoría de la xenohormesis promulga que las plantas fabrican fitoquímicos (xenohormetinas) como respuesta a estresores ambientales, los cuales están idealmente pensados para ser venenos. Tóxicos.

Pero, ¡magia!

Cuando ingerimos estos tóxicos, producen en nosotros modificaciones metabólicas y enzimáticas que escriben encima del genoma, modificándolo. Modificaciones que se llevan a cabo a través de los siguientes mecanismos (10):

  • Actividad antioxidante directa o indirecta mediante la expresión de proteínas antioxidantes
  • Atenuación de las vías de señalización de estrés en el retículo endoplasmático
  • Bloqueo de citocinas proinflamatorias
  • Bloqueo de factores de transcripción relacionados con enfermedad metabólica
  • Expresión de genes
  • Activación de factores de transcripción que antagonizan la inflamación

Estas modificaciones nos hacen literalmente más fuertes en tanto que nos hacen más resistentes a estresores ambientales.

Después de todo, era la función para lo que las plantitas con mucho esfuerzo crearon los fitoquímicos.

Nada mejora o se fortalece en la naturaleza sin un estresor, cualitativa y cuantitativamente adecuado, que motive a ello.

No stress, no gain.

Los fitoquímicos no son beneficiosos per se. Son beneficiosos por la respuesta que nuestro organismo fabrica ante ellos.

Igual que con un entrenamiento físico adecuado.

Igual que con el ayuno intermitente.

Igual que con cualquier situación que nos saque de la zona de confort.

Reflexión filosófica-nutricional: deberíamos, en vez de perpetuar una sociedad huidiza que trata de detectar todos los daños posibles y evitarlos a toda costa, perpetuar una “cultura hormética” que cultive individuos que busquen reforzarse mediante la exposición controlada, inteligente y continua a una serie de estresores, que nos harán más fuertes. Antifrágiles.

¿Puede ser éste el motivo por el que, más allá de su gran perfil nutricional, los vegetales sean tan esenciales para optimizar nuestra salud?

Muy probablemente

¿Puede ser el motivo éste por el que están malos como el diablo?

Muy probablemente. Piensa cada vez que te enfrentes a un vegetal que te estás tragando sus defensas químicas.

Si fueras un brócoli, ¿crearías defensas químicas palatables y deliciosas para que todos te echaran el diente?

Piensa también que vas a entrenar y a levantar kilos al gimnasio, no por el placer intrínseco que te produce mover hierros o correr hasta que te quemen los pulmones.

Lo haces por el beneficio consecuente que viene después en términos de salud psicofísica.

Comer vegetales es exactamente lo mismo. Igual. The same.

 

 

Entonces, ¿lo que como afecta a mis genes?

 

Sí, y a los de los tuyos.

De hecho, lo que comes durante el embarazo determina la salud metabólica de tu hijo (11).

Querida mamá, mediante tus acciones le estás haciendo el mejor regalo de su vida o poniéndole las cosas difíciles más tarde, recuerda.

El estrés oxidativo celular asociado al estilo de vida que llevamos produce cambios epigenéticos que son incluso transmitidos de generación en generación (12).

Tu estilo de vida hoy afectará mañana a tus nietos a todos los niveles. Y a los nietos de tus nietos.

Reflexión filosófico-budista-epigenética

Los grandes maestros espirituales y concretamente, los maestros budistas, siempre han tratado de transmitir que el Yo, la sensación de que somos entes separados de todo lo demás es una mera ilusión.

Una ilusión peligrosa.

Cuando te interesas por más de una disciplina, percibes que, frecuentemente, las palabras que se dicen desde una instancia del conocimiento resuenan verdaderas en otra, aparentemente distinta, área del conocimiento.

Con la epigenética y el budismo tengo esa misma sensación. Parece que los límites del yo cada vez son más difusos.

Nuestro ambiente, entendiendo como ambiente prácticamente todo lo que va desde la membrana de nuestras células hacia fuera (pensamientos, sentimientos-emociones, alimentos, movimiento, relaciones, etc.) modifica literalmente quienes somos a nivel psíquico, físico y emocional.

Por lo tanto, yo soy mi ambiente y mi ambiente soy yo.

Pero yo, mis acciones y mis circunstancias, pueden constituir “ambiente” para mi vecino. Cada uno de nosotros somos responsables del ambiente que los demás experimentarán y beneficiarios o no del ambiente que promoverán los otros hacia nuestro “yo”.

Esta reciprocalidad continuada en el tiempo nos convierte en una macrounidad viviente en la que ambiente e individuo no pueden separarse más que por una ilusión cognitiva creada por un cerebro menos apto para la supervivencia de lo que pensamos.

Nos convierte en un macrosistema, una conciencia colectiva en la que cada una de sus partes refleja el todo.

Podemos dedicarnos a joder al que tenemos al lado. Lo hacemos continuamente.

Pero amigo, al fin y al cabo, de alguna forma, en algún lugar, te estás jodiendo a ti mismo.

Mis respetos desde Málaga a las víctimas mortales de Orlando y a sus familias.

Nos vemos en el próximo post, amigo empoderado.

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Dr. Bandera

Médico Interno Residente (MIR). R1 Endocrinología y Nutrición. ¿Mi pasión? El potencial humano. ¿Mi misión? La optimización de la salud desde una perspectiva integradora.

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