Las 10 causas de obesidad y daño metabólico que no te contaron y qué hacer para atajarlas (parte I): microbiota y malnutrición occidental

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Obesidad. Sobrepeso. Daño metabólico. Vocablos cada vez más escuchados. Problemas que se nos vienen encima y que, directa o indirectamente te afectan en algún grado.

Si quieres saber qué estamos haciendo mal al respecto y de qué formas estamos maltratando nuestros metabolismos, no te alejes mucho.

Tendemos a simplificarlo todo. Nuestra mente es muy proclive a ver solo blancos o negros: este alimento es bueno o malo. Estamos obesos porque comemos mucho y nos movemos poco. Las grasas son malas. Mi jefe es un cabrón.

Somos buenos clasificadores.

Pero la vida se desarrolla en una infinita escala de grises.

En nutrición pasa algo parecido. El reduccionismo nutricional de las últimas décadas he hecho mella en nuestra salud. Hemos pensado que la enfermedad cardiovascular estaba producida por un exceso de colesterol en sangre y nos hemos estampado. Creíamos que la obesidad era un simple problema de balance energético, un asunto matemático, y nos la pegamos.

Esto es reduccionista, simplista y poco efectivo. A la vista queda. Si seguimos así gastaremos unos 17.3 trillones de dólares en enfermedades crónicas entre 2011 y 2030 (1). Como para colonizar siete planetas.

Echemos la vista atrás para comprender el origen del reduccionismo nutricional.

 

La era pre Obesidad y el origen del mito

 

En 1747 el capitán Británico James Lind realizó el primer ensayo clínico de la historia (2). El escorbuto azotaba a sus marineros y decidió dividirlos en grupos, tratándolos de diferentes maneras. Solo aquellos que recibieron zumo de cítricos curaron su enfermedad. Habían descubierto las bondades de la vitamina C, que se aisló en un laboratorio hace tan solo 83 años.

Esta fue la primera evidencia registrada de la capacidad de un nutriente para prevenir enfermedades.

Toda una victoria sin duda.

Más tarde nos dimos cuenta que podíamos prevenir el Beriberi con tiamina (vitamina B1), la pelagra con Niacina (B3), la anemia con hierro, el bocio con Iodo, la ceguera nocturna con vitamina A o la osteomalacia y raquitismo con vitamina D.

Habíamos descubierto un patrón. Déficit de nutriente > Enfermedad > Corrección del déficit > Salud.

Fue el mismísimo Roosevelt en 1941 quien ordenó dar origen a la primera guía nutricional (3) orientada a prevenir deficiencias nutricionales específicas que provocaran mala salud en el ejército estadounidense. Todo por la patria.

Corregir deficiencias de nutrientes concretos funcionaba y todas las guías en adelante se hicieron con el objetivo de evitar la deficiencia de nutrientes específicos, no de buscar la salud óptima (así nacieron las recomendaciones de la miseria).

Pero cuando en la segunda mitad del siglo XX la enfermedad cardiovascular empezó a amenazar tratamos de perpetuar esta mentalidad de: establecer nutriente deficitario > corregirlo > aplaudir.

Y fracasamos.

Otro grande de la historia, Abraham Lincoln, dijo una vez:

“Los dogmas del calmado pasado son inadecuados para el tormentoso presente. Dado que las dificultades son nuevas, debemos pensar diferente.”

Pero no le escuchamos y seguimos pensando igual, en culpables. ¿Quién era el malo entonces? ¡Las grasas saturadas y el colesterol!

Y el mundo patas arriba tratando de evitar que los ciudadanos se acerquen a las grasas y el colesterol, bajo el paraguas científico de pésimos estudios e intereses industriales varios.

Pero cuidado, otro asesino  asomaba la cabeza: obesidad, diabetes y síndrome metabólico.

¿Y qué respuesta reduccionista le dimos? ¿Quién era el nuevo culpable?

¡Comer mucho y moverse poco! ¡Si estás gordo es porque eres FLOJO!

Esta tirana sentencia ha arraigado en la mentalidad de la población. Y es precisamente lo que la industria pretende: culpabilizar al individuo y sus conductas, hacerte responsable de tu mala salud. Apelar a tu voluntad para llevar lo que denominan “una dieta variada y moderada”. En definitiva, culparte a ti y no a ella (Big Food).

Pero la fisiología humana es infinitamente más compleja que ese patético balance nutricional. Este patrón de detectar enemigos (surplus calórico) y eliminarlos (ala, a correr) no sirve para problemas tan interdisciplinares y multifactoriales como son la enfermedad cardiovascular y la enfermedad metabólica.

Como decía Lincoln, debemos pensar diferente. Debemos reinventarnos y dar nuevas respuestas si queremos obtener resultados distintos.

Existen multitud de factores a considerar a la hora de mejorar tu salud cardiometabólica que la población general no conoce y que la evidencia demuestra cada vez más influyentes en el mantenimiento y mejora de la salud de tu metabolismo.

Por ello, me dispongo a lanzar una serie de artículos sobre causas de obesidad, sobrepeso y mala salud metabólica que no oirás en los medios o en la consulta con tu doctor, pero que pueden echar por tierra tus mejores esfuerzos para llevar una vida saludable.

 

#1 Tu jardín interior necesita un buen jardinero

 

¿Piensas que eres humano? Lo eres, pero solo un 10%.

En el interior de tu sistema digestivo existen unas 1000 especies diferentes de microorganismos y unos cien trillones de microbios. Cuantitativamente portas diez veces más células no humanas (bacterias, levaduras y algún virus) que humanas, y en total llegan a pesar alrededor de 2 kg.

Además, dichos bichos comprende 150 veces más genes (microbioma) que los tuyos propios (genoma) (4).

Nº genes genoma humano * 150 = Nº genes microbiota (aprox.)

¿Todavía crees que eres humano?

Y no solo eso: tu salud y lo que eres a nivel psicobiológico depende de esos bichos, de tu jardín interior.

El nombre técnico de dicho jardín es microbiota digestiva, que no es más que la fauna y flora microbiana que habita en tu sistema digestivo. Más técnicamente, es un órgano entero-endocrino comprendido por más células y genes que su huésped.

¿Y estos bicharracos, para que sirven?

Si solo estuvieran deambulando por ahí sin más no nos importarían demasiado, pero tu microbiota determina la salud de tu sistema inmunológico (5), función cerebral (6) y salud metabólica (7). Y lo que conocemos es solo el principio.

Las malas noticias: si no gozas de una salud brillante muy probablemente tu jardín interior no esté en las mejores condiciones.

 

¿Qué hemos hecho mal para dañar nuestra microbiota?

 

Apunta:

  • Llevar una dieta alta en azúcar, productos procesados, aceites vegetales (ácidos grasos omega-6), GMO (alimentos transgénicos) y baja en vegetales y fibra. Si nosotros, que somos unos recién llegados al planeta aún no estamos adaptados a toda la basura procesada a la que nos exponemos, las bacterias, que llegaron millones de años antes, tampoco lo estarán. Y se joden. Y te joden.
  • Aumentar descontroladamente el número de cesáreas (8). Cuando el bebé no sale por donde tiene que salir, no se expone a los bichos que se encuentran en el canal del parto, lo que puede ser origen de futuros problemas. Aquellos nacidos por vía vaginal presentan mayor cantidad de Bacteroides y Bifidobacteria que los nacidos por cesáreas, lo cual es protector frente a Obesidad (Science). Los niños nacidos por cesárea, además, presentan en algunos trabajos hasta un incremento del 40% en el riesgo de ser obesos de mayores (International Journal of Obesity). Establecer atajos a la naturaleza nunca es gratis.
  • Disminuir la lactancia materna (9). En muchos casos la mamá no puede dar el pecho, pero en otros es mucho más cómodo comprar la leche en polvo en la farmacia y enchufársela al neonato. Si piensas así, debes saber que le estás privando del mejor regalo que le puedes hacer en esa etapa. Además, estás haciéndole propenso a un listado innumerable de patologías en sus años venideros.
  • Antibióticos a discreción. Los antibióticos matan bacterias, y esto nos viene de maravilla cuando una infección amenaza nuestra vida. Por otro lado, estos misiles antibacterianos no son nada selectivos, y en tu sistema digestivo hay bacterias buenas y bacterias malas. La poda que los antibióticos ejercen en tu jardín es universal. Ejerce por tanto un consumo responsable de los antibióticos. Demandar a tu médico un antibiótico cada vez que te pica la garganta es la mejor forma de 1) hacerte daño innecesariamente 2) desesperarle 3) contribuir a la creación de resistencias microbianas 4) aumentar el gasto administrativo innecesariamente.
  • Farmacofilia: el consumo indiscriminado de antiácidos (Don Omeprazol), antiinflamatorios (Don ibuprofeno), pastillas anticonceptivas y corticoides alteran nuestra microbiota. Tratamos a los fármacos como chucherías. El españolito actual se asusta por comer más de 4 huevos a la semana o suplementarse con proteínas porque le ha dicho el gurú de turno que se va a cargar sus riñones, pero a la mínima molestia se abalanza sobre el ibuprofeno, que verdaderamente puede darles un disgusto a dichos órganos.
  • Limpieza paranoica (10). Recuerda una de las máximas de tu naturaleza: úsalo o piérdelo. El ejemplo más palpable es el de nuestro sistema muscular, pero es aplicable a todos nuestros sistemas y órganos. El sistema inmunológico (SI) no se puede tocar, es ubicuo y poco conocido, pero funciona dentro de esta ley. El papel del sistema inmune es defenderte. Desea defenderte, ha nacido para ello. Durante los dos millones de años que nuestra especie lleva sobre este planeta este órgano fantasma no se ha aburrido en absoluto. Pero en los últimos 40 años entre las dos duchas diarias, el miedo a la suciedad, la vida alejada de la naturaleza, la neurosis de limpieza (o síndrome del amo/ama de casa), el Cillit Bang y el Fairy, le hemos quitado el trabajo. Pero el SI es un trabajador nato, si tu ambiente externo no le confiere trabajo buscará trabajo en el amiente interno: te atacará a ti. Esta es una de las vías de investigación más potentes y coherentes en enfermedades autoinmunes.  ¿Pero no estábamos hablando de metabolismo? Resulta que este factor también determina la calidad de tu microbiota y por lo tanto, tu bienestar metabólico.

 

La barrera más importante de tu organismo

 

La barrera más íntimamente relacionada con el exterior que poseemos no es la piel, es nuestro sistema digestivo. En él se procesan millones de antígenos diariamente. Él evita que todo lo que no deba pasar: toxinas, bacterias y demás moléculas dañinas, pasen a tu organismo.

Sin embargo, los elementos anteriores dañan esta barrera y la convierte en un colador. En la comunidad científica conocemos este fenómeno como permeabilidad intestinal (o Leaky Gut) y está siendo investigado como uno de los grandes promotores de enfermedad cardiometabólica y autoinmune.

Sabemos que cuando tu jardín interior está contaminado por bacterias puñeteras algunas de ellas crean un ambiente inflamatorio en tu intestino, lo permeabilizan y favorecen el desarrollo de resistencia a la insulina y obesidad (11). También se ha acuñado el término “endotoxemia metabólica” al estado proinflamatorio derivado del paso de bacteria y toxinas bacterianas (LPS) a través de tu barrera GI y que contribuyen a la enfermedad metabólica (12).

Incluso ya se hacen trasplantes fecales para afrontar este tipo de problemas (13). No preguntes demasiado.

Los bichitos, como tu y yo, tienen nombres. Sabemos que una alteración en las proporciones entre especies son problemáticas. Por ejemplo, un predominio de  Firmicutes sobre Bacteroidetes te hace tendente a la obesidad (Obesity).

Mucha de la investigación apunta a que nuestra sociedad occidental y los hábitos derivados de ella disminuyen la diversidad bacteriana. Y esto produce problemas.  Por ejemplo, en poblaciones cazadoras recolectoras como los Hadza la diversidad microbiana encontrada fue mayor (Nature Communications). Igual ocurrió con algunos grupos de Papúa Nueva Guinea (Cell Reports).

Pero no todo está perdido: parece que aquellos que consiguen perder peso vuelven a aumentar su biodiversidad bacteriana, aumentan la población de bacterias buenas (como el Phylum Bacteroidetes). Este efecto “rehabilitador” de la flora dañada es mayor cuando se pierde peso en el seno de una dieta baja en carbohidratos y alta en grasa (Nature).

El consumo de fibra fermentable también está generando un gran revuelo en el mundo de la salud. Parece que dicha fibra actúa como prebiotico, alimentando a las bacterias beneficiosas, que se ponen contentas y  producen los llamados SCFA o ácidos grasos de cadena corta (butirato, propionato y acetato), con propiedades casi mágicas:

  • Son fuente de energía para el epitelio colónico (butirato), hígado (propionato) y tejidos periféricos (acetato) (PloS one)
  • Disminuyen citoquinas inflamatorias (Nature)
  • Aumentan la sensibilidad a la leptina (Obesity Reviews): la hormona que le dice a tu sistema nervioso cuando debes parar de comer
  • Estimulan la secreción de hormonas de la saciedad, como son: GIP, GLP1, PYY o amilina.

 

¿Qué puedo hacer yo por mejorar mi microbiota y mantener la integridad de mi barrera digestiva?

 

  • Tomar ácidos grasos Omega-3 (14)
  • Tomar aceite de oliva (15)
  • Tomar fibra fermentable que actúe de prebiotico, alimentando a tus bacterias buenas, las cuales desplazaran a las que te están causando problemas
    • Patata cocida y enfriada
    • Fécula de patata
    • Fermentos lácticos: yogur, kéfir y derivados
    • Zanahoria cocida
    • Arroz hervido y enfriado
    • Manzana al horno
  • MCTs o triglicéridos de cadena media (16), formados a través del ácido láurico presente en el coco, un alimento demonizado hasta hace muy poco y del cual, cada vez con más evidencia por delante, podemos decir que es una joya nutricional.
  • Ejercicio regular (17)
  • Evitar alimentos procesados: aplica el primun non nocere con tu barrera GI. Primero no la dañes con porquería, después aporta aquello que la sana.
  • Añadir frutos secos, semillas y probioticos.
  • Evitar estrés crónico (18) y buen manejo emocional (19) (tus bichos escuchan lo que piensas y se enfadan si te enfadas).

¡Tú eres tus bichos!

 

#2 Nación desnutrida y sobrealimentada

 

Verduras HD. EPB.

Denso nutricionalmente = verde en la mayoría de ocasiones. Fuente: HDWallpapers9

 

 

Vivimos obsesionados con la cantidad. Más coches, más dinero, vivir más o viajar más.

La calidad brilla por su ausencia.

En nutrición nuestra mentalidad es la misma. Prestamos más atención a la cantidad que a la calidad. Nuestra dieta es cuantitativamente abundante, pero cualitativamente pésima.

No necesitamos comer menos, necesitamos comer mejor.

Hemos llegado a convertirnos en entes sobrealimentados y malnutridos en una sociedad “hiperdesarrollada”.

Nadie duda que 100 gramos de rubíes son mucho más valiosos que 100 gramos de corcho. Pero esa lógica aplastante no es llevada a la nutrición.

Existen alimentos que son rubíes y otros que son corcho. El problema es que nuestra dieta pobre en nutrientes, rica en calorías, repleta de carbohidratos refinados y productos procesados es una típica dieta de corcho que nos ha llevado a tener serios déficits de ácidos grasos omega-3, Magnesio, Zinc o vitamina D, entre otras muchas moléculas.

Y esto como no puede ser de otra forma repercute en nuestra salud y metabolismo.

Cada alimento ejerce un efecto fisiológico único en tu biología. Los glicosinolatos del brócoli o el licopeno del tomate cumplen un papel determinado. Los alimentos no son solo calorías.

Ahí va una lista de algunos procesos biológicos modulados por lo que te echas a la boca:

  • Presión arterial
  • Homeostasis insulínica y glucídica
  • Apolipoproteinas
  • Función endotelial
  • Lípidos séricos
  • Lipidogenesis hepática
  • Inflamación sistémica
  • Sistema de recompensa cerebrales
  • Microbiota intestinal
  • Saciedad y hambre
  • Función del adipocito
  • Cascada de la coagulación
  • Adhesión vascular

Los alimentos NO son solo calorías. Empieza a buscar CALIDAD y la cantidad adecuada vendrá sola. Si no, intenta comerte 750 kcal de brócoli (unos 2 kg) o de Galletas Digestive recubiertas de chocolate (7 u 8 galletas).

¿Y qué puedo hacer yo para evitar la malnutrición occidental?

 

Aquí entra el concepto de densidad nutricional. Un alimento denso nutricionalmente es aquel que además de los macronutrientes que contienen (grasas, proteínas o CHO), para una misma cantidad de calorías aporta una gran cantidad de micronutrientes: vitaminas, minerales, fitonutrientes, antioxidantes, fibra fermentable y otras sustancias esenciales para mantener un estado de salud óptimo.

Son alimentos con valor añadido y que regulan vías obesogénicas a la baja para que mantengas un control metabólico óptimo a largo plazo.

 

Densidad nutricional 2. EPB.

20 alimentos con densidad nutricional muy alta. Casi todos verdes. Piensa en verde. Come en verde. Respira en verde. Pero si eres médico, no toques lo verde (chiste para médicos). Fuente: Google Images

 

Siguiendo la misma lógica, un alimento pobre nutricionalmente es aquel para una cantidad dada de calorías apenas aporta nutrientes y demás moléculas biológicamente valiosas.

Hablamos del pan blanco, galletas maría, cereales de desayuno, refrescos y eventualmente la mayoría de alimentos hiperprocesados de colorines que ves en las estanterías del súper.

Si tiene etiqueta o viene en una cajita, duda.

Si quieres mejorar tu salud comienza incorporando alimentos densos nutricionalmente. Olvídate de contar calorías, de restringir tu ingesta, céntrate en ALIMENTOS y elige aquellos de calidad. 100 kcal provenientes de almendras son siempre mucho mejores que 100 kcal provenientes de magdalenas, aunque nuestra querida pirámide alimentaria no refleje lo mismo.

 

Tabla bastante orientativa sobre alimentos y densidad nutricional. Prioriza alimentos densos nutricionalmente, lo cual NO quiere decir que excluyas todos los que puntúan bajo. Nuestro aceite de oliva, por ejemplo, aparece penúltimo en la lista, pero sigue siendo la joya que sabemos que es.

Tabla bastante orientativa sobre alimentos y densidad nutricional. Prioriza alimentos densos nutricionalmente, lo cual NO quiere decir que excluyas todos los que puntúan bajo. Nuestro aceite de oliva, por ejemplo, aparece penúltimo en la lista, pero sigue siendo la joya que sabemos que es puesto que a nivel de macronutrientes sus MUFAs son una maravilla. Igual ocurre con las nueces, patatas, pollo, huevos o mantequilla. Son alimentos que por su naturaleza no contienen gran cantidad de micronutrientes, pero totalmente recomendables.

 

 

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¡Nos vemos en los comentarios!

 

 

  1. Bloom DE, Cafiero E, Jané-Llopis E, Abrahams-Gessel S, Reddy Bloom L, Fathima S, et al. The Global Economic Burden of Noncommunicable Diseases [Internet]. World Economic Forum. 2011.
  2. Bartholomew M. James Lind’s Treatise of the Scurvy (1753). [Internet]. Vol. 78, Postgraduate medical journal. 2002. p. 695–6.
  3. Wilder RM. Nutrition and National Defense. J Am Diet Assoc. 1942;18(1):1–8.
  4. Ursell LK, Haiser HJ, Van Treuren W, Garg N, Reddivari L, Vanamala J, et al. The intestinal metabolome: An intersection between microbiota and host. Gastroenterology. 2014;146(6):1470–6.
  5. Kostic AD, Xavier RJ, Gevers D. The Microbiome in Inflammatory Bowel Diseases: Current Status and the Future Ahead. Gastroenterology. 2014;(March):1–11.
  6. Sampson TR, Mazmanian SK. Control of Brain Development, Function, and Behavior by the Microbiome. Cell Host Microbe [Internet]. 2015;17(5):565–76.
  7. Janssen AWF, Kersten S. The role of the gut microbiota in metabolic health. FASEB J [Internet]. 2015;9(10):577–89.
  8. Goedert JJ, Hua X, Yu G, Shi J. Diversity and composition of the adult fecal microbiome associated with history of cesarean birth or appendectomy: Analysis of the American Gut Project. EBioMedicine [Internet]. 2014 Dec 1 [cited 2016 May 12];1(2-3):167–72.
  9. Bäckhed F, Roswall J, Peng Y, Feng Q, Jia H, Kovatcheva-Datchary P, et al. Dynamics and Stabilization of the Human Gut Microbiome during the First Year of Life. Cell Host Microbe [Internet]. 2015 May 13 [cited 2016 May 12];17(5):690–703.
  10. Versini M, Jeandel P, Bashi T, Bizzaro G, Blank M, Shoenfeld Y. Unraveling the Hygiene Hypothesis of helminthes and autoimmunity: origins, pathophysiology, and clinical applications. BMC Med [Internet]. 2015;13:81.
  11. De Kort S, Keszthelyi D, Masclee AAM. Leaky gut and diabetes mellitus: What is the link? Obes Rev. 2011;12(6):449–58.
  12. Shen J, Obin MS, Zhao L. The gut microbiota, obesity and insulin resistance. Vol. 34, Molecular Aspects of Medicine. 2013. p. 39–58.
  13. Hartstra A V, Bouter KEC, Backhed F, Nieuwdorp M. Insights Into the Role of the Microbiome in Obesity and Type 2 Diabetes. Diabetes Care. 2015;38(1):159–65.
  14. Cao Z, Yu J, Kang W, Ma Z, Ye X, Tian S. [Effect of n-3 polyunsaturated fatty acids on gut microbiota and endotoxin levels in portal vein of rats fed with high-fat diet]. Zhongguo Yi Xue Ke Xue Yuan Xue Bao [Internet]. 2014 Oct [cited 2016 May 12];36(5):496–500.
  15. Mujico JR, Baccan GC, Gheorghe A, Díaz LE, Marcos A. Changes in gut microbiota due to supplemented fatty acids in diet-induced obese mice. Br J Nutr [Internet]. 2013;110(4):711–20.
  16. Carlson SJ, Nandivada P, Chang MI, Mitchell PD, O’Loughlin A, Cowan E, et al. The addition of medium-chain triglycerides to a purified fish oil-based diet alters inflammatory profiles in mice. Metabolism [Internet]. 2015 Feb [cited 2016 May 12];64(2):274–82.
  17. Evans CC, LePard KJ, Kwak JW, Stancukas MC, Laskowski S, Dougherty J, et al. Exercise prevents weight gain and alters the gut microbiota in a mouse model of high fat diet-induced obesity. PLoS One [Internet]. 2014 [cited 2016 May 12];9(3):e92193.
  18. Zhang Y-J, Li S, Gan R-Y, Zhou T, Xu D-P, Li H-B. Impacts of Gut Bacteria on Human Health and Diseases. Int J Mol Sci [Internet]. 2015;16(4):7493–519.
  19. Dinan TG, Cryan JF. Melancholic microbes: A link between gut microbiota and depression? Neurogastroenterology and Motility. 2013;25(9):713–9.
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Dr. Bandera

Médico Interno Residente (MIR). R1 Endocrinología y Nutrición. ¿Mi pasión? El potencial humano. ¿Mi misión? La optimización de la salud desde una perspectiva integradora.

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3 comentarios

  1. Muchas gracias por tu artículo, muy interesante!!!!
    Cuanto tiempo puede llevar “regenerar la flora intestinal haciendo los cambios aconsejados” ?
    ¿Los veganos tenemos flora instestinal distinta a los omnivoros?
    Gracias.

    • Muchas gracias Javier, me alegra que lo encuentres interesante.
      Contestando a tus dos preguntas:
      1- Es difícil establecer un tiempo concreto ya que hay muchísima variabilidad interpersonal. Igual que cada metabolismo o cada sistema digestivo es un mundo, cada microbiota es un mundo también. El tiempo que tardes en mejorar la tuya dependerá de lo dañada o alterada que esté en el momento actual. Por ponerte un ejemplo: una persona que haya estado meses tomando antibióticos por una grave infección tardará bastante más que otra que solo tenga alteraciones menores. El campo de la microbiota es extraordinariamente nuevo (el término fue acuñado en 2001) y aun sabemos más bien poco. Mi consejo: toma un abordaje empírico, esto es, implementa los cambios progresivamente y cuando empieces a notar cambios positivos a nivel digestivo, mayor nivel de energía, etc. puedes interpretar que tu flora está comenzando a mejorar.
      2- Eso dependerá de la calidad de tu dieta. Se puede ser vegano y basar la dieta en productos procesados (ahora hay un boom tremendo y la industria está muy al tanto de crear productos aptos para veganos) y se puede ser vegano y basar la dieta en alimentos (no productos), fundamentalmente vegetales de alta densidad nutricional, fruta, granos saludables, etc. Lo mismo ocurre con una dieta no-vegana. La calidad y cantidad de la microbiota depende, en mi opinión, de la calidad general de la dieta, independientemente de seguir una dieta vegana, paleo o mediterránea. En cuanto a si hay cambios en la microbiota de un vegano respecto a un omnívoro? Mi respuesta sería un “seguro que sí” poco científico, puesto que no he leído ningún estudio al respecto, pero estoy convencido de que debéis tener diferencias notables en la microbiota.

      Si dominas el Inglés éste paper te lo explica muy bien:
      http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3539293/pdf/10.1177_1756283X12459294.pdf

      Espero haber ayudado.

      Un saludo!

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