Prescripción de fuerza, sarcopenia y ambiente hormonal anti-sarcopenia: las claves

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Prescripción de fuerza, sarcopenia y ambiente hormonal anti-sarcopenia: las claves

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¿Deberían limitarse las actuaciones médicas a fármacos y cirugías? ¿Por qué no estamos prescribiendo a nuestros pacientes ejercicio físico, métodos y técnicas de relajación o incluso naturaleza? ¿Por qué aquello que ha demostrado ser más eficaz para generar salud sigue siendo marginal?

Hoy tratamos de abordar el problema de la prescripción de ejercicio físico en Medicina. Hace unas semanas tuve la suerte de poder asistir a una excelente ponencia de Felipe Isidro Donate, catedrático en Ciencias de la Actividad Física y Deporte. La calidad de la charla, y especialmente su carácter práctico me inspiró a escribir esta entrada donde intento aunar literatura científica y experiencia personal para hacer entender la importancia del ejercicio de fuerza en el ámbito de la salud.

*Los términos marcados con un asterisco son definidos en el glosario, al final de la entrada. Si desconoces los términos, recomiendo encarecidamente la lectura del glosario. Para mejorar tu salud primero debes aprender el idioma.

PRESCRIPCIÓN DE EJERCICIO FÍSICO: ASIGNATURA SUSPENSA DE LOS MÉDICOS ESPAÑOLES

Los profesionales sanitarios desconocemos la forma correcta de prescribir ejercicio. Muchos estamos al tanto de los beneficios sobre todos los sistemas orgánicos que la actividad física proporciona pero a la hora de dar recomendaciones concretas seguimos aferrándonos al obsoleto mantra: “intente caminar al menos 30 minutos diariamente”.

Esto debe cambiar ahora. Estamos fracasando en la prescripción de aquellos elementos formadores de una salud sólida: pautas alimentarias correctas, ejercicio físico efectivo y técnicas de relajación prácticas.

Si todos los médicos alcanzásemos unas cuotas de excelencia mínimas prescribiendo estos tres ítems le daríamos la vuelta a la salud pública como a un calcetín. Menos pastillas, más salud, más dinero que gastar en otras cosas.

¿Y por qué estamos en esta situación?:

  • Desconocimiento del profesional. El profesional sanitario actual no es adiestrado en ejercicio físico. En la facultad tampoco existen asignaturas dirigidas a instruir sobre instauración de hábitos. Ni siquiera opcionales. Vaya, que puedes terminar la carrera con nota de matrícula sin saber qué es una sentadilla. Eso sí, la inervación, irrigación, inserción y origen de las cuatro cabezas del cuádriceps que no se te vayan a olvidar. Academicidad por encima de habilidades útiles.
  • Sistema de enfermedad, no de salud. El problema de siempre, un sistema sanitario teledirigido a pelearse con la enfermedad, no a construir salud.
  • Paciente pastillófilos. El paciente de hoy día busca el camino rápido y fácil para evitar su sufrimiento. La pastilla o la intervención quirúrgica. Cuanto menos activo tenga que ser mejor. “Para eso están los médicos”. Es otra versión más del “adelgace 15 kilos en un mes sin esfuerzo” o “póngase este chaleco ultrasónico y le brotarán abdominales”. Una mentalidad abocada a la catástrofe.
  • Falta de experiencia personal. Aquel que no ejerce lo que predica no confía en su sermón. Y aquel que escucha a alguien que no ejerce lo que predica no cree lo que está escuchando (1). Sabemos que aquellos que se ejercitan prescriben más ejercicio (2,3).

ENTRENAMIENTO DE FUERZA: UNA PRIORIDAD EN SOBREPESO Y OBESIDAD

Por alguna razón los seres humanos somos especialmente dados a aceptar y creer el status quo de un determinado ámbito como la verdad absoluta e inamovible. Pero nuestras creencias ejercen enorme poder sobre nosotros, para bien y para mal.

Cuando el Dr. Kenneth Cooper, coronel de las fuerzas aéreas estadounidenses, publicó su libro Aerobics en 1968, pocos cuestionaron lo que en su obra defendía: el ejercicio cardiovascular aeróbico de leve-moderada intensidad como el más efectivo y saludable método de entrenamiento.

Sin más.

Poco a poco esta idea ha ido calando en nuestras cabezas. Pasa algo parecido con el asunto de las grasas. Marketing encubierto para las masas. Un Marketing incompatible con la evidencia científica del momento.

Esto, junto a la popular asociación del “culturista palurdo” que toma cosas raras (por vía oral e intravenosa) y hace posturitas ha llevado la sociedad a ser muy prejuiciosa con el músculo, el ejercicio de fuerza y otros abordajes que, hoy día, se han demostrado mucho más efectivos que el consolidado “cardio”, tanto en términos de salud como de rendimiento físico.

Estos estereotipos están haciendo mucho daño.

Mi tarea hoy es convencer de que, sin denostar el ejercicio cardiovascular, el entrenamiento de FUERZA debería ser una prioridad en el manejo del sobrepeso y obesidad.

¿Por qué? Ahí van cuatro buenas razones:

Sarcopenia: enemigo público Nº1​

La sarcopenia* corresponde a la pérdida y consecuente déficit de masa muscular atribuida a diferentes factores, principalmente al envejecimiento y la inactividad.

La naturaleza sigue una ley universal en biología: “Use it or lose it” (úsalo o piérdelo). Aquellos sistemas/tejidos/células que no desempeñen su función desaparecen con el tiempo. El cuerpo no gasta energía en mantener a quien no trabaja.

Si el sistema muscular no fuera el mayor órgano (sí, es considerado un órgano) del organismo en condiciones de salud y sus funciones no fueran vitales para nosotros, esto no sería gran problema. Pero no es así.

El músculo, además de ser el órgano efector del movimiento, cumple funciones metabólicas, endocrinas y termorreguladoras esenciales para tener salud óptima.

La clave está en que obesidad y sarcopenia van de la mano. Una casi siempre acompaña a la otra. Cuando tenemos la primera, muy probablemente tenemos la segunda.

 La obesidad y otros trastornos metabólicos contribuyen a la sarcopenia y viceversa (4,5,6). De este hecho se deriva el concepto de “Obesidad sarcopénica” que tanto está siendo estudiado.

Las consecuencias de la sarcopenia, según Peterson y Gordon (7), son varias, todas ellas relacionadas con la génesis de obesidad, diabetes o síndrome metabólico:

  • Mayor inflamación crónica. Mayores niveles de marcadores inflamatorios correlacionan con menor fuerza y mayor sarcopenia (8).
  • Mayor estrés oxidativo*
  • Menor recambio (turnover) proteico
  • Menor regeneración muscular
  • Daño en la función mitocondrial *
  • Mayor apoptosis* (muerte programada) de la fibra muscular
  • Mayor resistencia a la insulina*
  • Mayor infiltración de adipocitos (células grasas) intramusculares

Por si fuera poco, al no utilizar el músculo no liberas cantidad suficiente de miokinas* (hormonas musculares) que tienen una función primordial en el mantenimiento de tu salud metabólica.

Sí, como dijimos al comienzo, el músculo es un órgano endocrino, porque secreta hormonas que actúan en todo tu cuerpo. 

Ahora los Endocrinos podemos ser especialistas en músculo =D​

Además, a la Sarcopenia (pérdida de músculo) le sigue la Kratopenia o pérdida de potencia, la Dinapenia o pérdida de fuerza, la Fragilidad y por último, la Discapacidad.

Y la discapacidad y la muerte son hermanas. De hecho, la sarcopenia es un potentísimo predictor de mortalidad (9).

Parece que tenemos motivos de sobra para evitar la sarcopenia, ¿verdad?

Las buenas noticias es que podemos detener, incluso revertir el proceso de Sarcopenia a cualquier edad. Pero no, no vas a conseguir esto saliendo a pasear 30’ al día. Y si no, preguntádle a estos dos atletas: Aleksejevich Hasjanov (81 años) y Ernestine Shepherd (80 años).

La grasa y el músculo: una difícil relación​

El sobrepeso y Obesidad se definen por un acúmulo suprafisiológico* de grasa. Tan simple como eso.

De esta definición simplista se ha derivado una actuación simplista: atacar de todas a todas la grasa mediante restricción calórica, quitando principalmente las grasas dietéticas. Este ha sido el abordaje de la obesidad en las últimas décadas. Pero en Medicina pocas veces las cosas son tan simples, de ahí que los resultados hayan sido nefastos.

"Si queremos deshacernos del exceso de grasa tenemos que deshacernos primero del déficit de músculo"

El músculo es injustamente considerado poco más que el órgano del movimiento, fibras que mediante contracción y relajación permiten el movimiento. Hoy sabemos que el músculo es un órgano endocrino que produce un sinfín de hormonas que interactúan con órganos tan importantes como el cerebro o el tejido adiposo (grasa).

Cuando trabajas el músculo liberas un cóctel hormonal que mantiene tu salud metabólica (¡y cerebral!).

En concreto, sabemos que el tejido graso y el muscular se inhiben el uno al otro (10). Las sustancias liberadas por la grasa de la persona obesa inhiben el crecimiento y buen funcionamiento muscular, como veremos en el apartado “hormonas”.

Un obeso mantiene su tejido muscular “durmiendo” y un culturista hace lo propio con sus adipocitos (células grasas). Por eso al primero le cuesta tanto ganar músculo y el segundo difícilmente gana grasa pese a ingestas calóricas descomunales.

Una vez más: si queremos combatir la obesidad debemos hacernos amigos del músculo de una vez por todas.

El entrenamiento de fuerza produce adaptaciones fisiológicas beneficiosas

Despertar al músculo mediante el ejercicio de fuerza tiene como consecuencia una serie de adaptaciones fisiológicas muy beneficiosas de cara a hacer frente a la obesidad-sobrepeso que no consigue, al menos en la misma proporción, el ejercicio cardiovascular:

  • Mayor capacidad oxidativa del músculo= ↑ Lipólisis* (11,12). Las mitocondrias son las organelas celulares donde se lleva a cabo el proceso físico-químico conocido como beta-oxidación de los ácidos grasos. Digamos que son las calderas de la célula donde la grasa se transforma en energía. ¿Cuál es el tejido más rico en mitocondrias? El músculo esquelético ¿De qué carece el obeso? Muy bien, lo has pillado.
  • Incremento del metabolismo basal. El consume energético muscular en reposo es considerablemente mayor que el de la grasa. Cada kg de músculo que añades a tu cuerpo es una “inversión” en ese aspecto. Además, tenemos el componente de "inhibición" del tejido graso por parte del músculo a nivel de señalización via miokinas y otras sustancias. Cuanto más músculo tengas, más difícil te será conseguir grasa y viceversa. 
  • ↑ Sensibilidad a la insulina* (13). Sobra decir que es una herramienta ESENCIAL en el tratamiento del diabético tipo II. 
  • ↑ Biogénesis mitochondrial* en respuesta al estímulo metabólico, mecánico e hipóxico (11,12)
  • ↓Adipogénesis, vía proteína AKT (14)
  • Cambios epigenéticos en la metilación del DNA (13): es decir, el entreno de fuerza modifica la expresión de un buen puñado de genes.
  • Cambios epigenéticos mediados por los miRNA, pequeñas secuencias de nucleótidos que modifican los RNA post-transcripcionalmente.
  • Mayor liberación de hormonas anabólicas (15)(16), que perpetuarán el ciclo virtuoso del músculo ayudándote a construir músculo nuevo. 
  • Mayor preservación/crecimiento de fibras musculares tipo II, precisamente el tipo de fibras que nos confieren fuerza y que son selectivamente atacadas por la sarcopenia, sobre todo en miembros inferiores (17,18,19).
  • Menor estrés cardiovascular asociado (Frecuencia cardiaca x Tensión arterial sistólica), en comparación con el ejercicio cardiovascular continuado.

Hormonas: las grandes olvidadas 

Centrarse únicamente en un balance calórico, calorías que entran por las que salen, es una receta casi infantil para hacerle frente a la obesidad. El entorno hormonal en el que vivimos es mucho más determinante que dicho balance. Para mejorar el entorno hormonal anti-obesidad podemos empezar por aquí:

Huir de los ENEMIGOS del músculo:

  • Sedentarismo: muévete, hazlo de la forma que quieras pero por Dios, muévete!
  • Ayuno prolongado: el ayuno crónico tiene un efecto negativo sobre el músculo. Sin embargo periodos de ayuno menores a 24 horas producen adaptaciones más que beneficiosas que estudiaremos en otro momento.
  • Glucocorticoides: de entre ellos, el más popular entre la población es el cortisol. Si, te suena, es la hormona del estrés. El estrés en el que nos vemos sumidos es un factor de riesgo de primer orden para el desarrollo de obesidad, pero muy pocos doctores lo tendrán en cuenta. El estrés favorece un entorno hormonal en contra del músculo y favorecedor de la lipogénesis (formación de grasa). Si a esto le sumamos los patrones de alimentación cuasi-bulímicos derivados del mismo o la peor calidad del sueño tenemos el coctel perfecto pro-obesidad. Resulta interesante que el entrenamiento cardiovascular prolongado (correr a baja-moderada intensidad) durante >45-60 min produce una respuesta de cortisol mucho más elevada que el entrenamiento de fuerza, motivo adicional para priorizar éste último.
  • Inflamación crónica. Una de las grandes asesinas de tu salud. En obesidad, los adipocitos producen adipokinas* (hormonas liberadas por los mismos) pro-inflamatorias que empeoran aún más el problema y “atolondran” al músculo (20). Por eso decimos que el tejido adiposo inhibe al muscular. Y si queremos ganarle a la grasa debemos despertar al músculo.
  • Miostatina: no es más que una proteína reguladora del crecimiento muscular liberada por el propio músculo. Cuando en el laboratorio se la quitamos a ratitas o corderitos se convierten en peludas masas de músculo.
  • Adipokinas pro-inflamatorias: son hormonas liberadas por las células grasas en la obesidad y sobrepeso. Algunas son TNF o inhibidor del activador del plasminógeno-1, pero lo que te interesa es que hacen dañito al músculo.

Dar caza a los AMIGOS del músculo:

  • Hormonas anabólicas: encargadas del crecimiento muscular en un entorno hipercalórico o de su protección en un entorno iso-hipocalórico. El saber maximizarlas mediante ejercicio, nutrición y descanso es un arte. Un arte que te mantendrá alejado de la mortal (si, mortal) sarcopenia.
    • Insulina: una de las más conocidas hormonas anabólicas. Pero cuidado. No queremos un estado de hiperinsulinemia continuado, este es precisamente uno de los mayores contribuyentes a la epidemia de obesidad y diabetes que sufrimos. Queremos que la insulina actúe cuando debe actuar, esto es, tras alimentarnos, para facilitar la introducción y buen eso de la glucosa y otros nutrientes por tus células.
    • IGF-1 (Insulin-like Growth factor 1): otro factor de crecimiento similar a la insulina. Muy utilizado (ilegalmente) por culturistas y atletas all over the world.
    • GH: la famosa hormona del crecimiento. Se le ha puesto el mote de hormona de la juventud. Ya os imagináis por qué. Esta hormona es la absoluta caña: es proteogénica a la vez que lipolítica (te hace ganar músculo y perder grasa). Se eleva durante el descanso profundo y ante ejercicios de alta intensidad y, muy especialmente, ante ejercicios de fuerza. Vemos por tanto la importancia del descanso y el entreno de fuerza para ayudar a nuestros músculos a crecer.
    • Testosterona: no necesita presentación. Hombres y mujeres la tenemos, pero nosotros en cantidades diez veces superiores. Es por esto que a ellas le cuesta muchísimo más ganar masa muscular, y aunque entrenen 5 veces a la semana con pesas y a altas intensidades no van a muscularse hasta parecer toros. Así que tranquilas chicas, de verdad. Podemos mantenerla elevada mediante:
      • Nutrición: cuidado con eliminar las grasas de la dieta, la testosterona es una hormona esteroidea cuyo precursor es el colesterol)
      • Movimiento: de nuevo el entrenamiento de fuerza la eleva mucho más que el trabajo cardiovascular
      • Descanso
  • Miokinas: son hormonas producidas por el propio músculo que tienen efectos importantísimos en la patogenia (origen) de la obesidad, oxidación de ácidos grasos, adecuada distribución de la grasa, sensibilidad a la insulina (la capacidad de nuestras células para responder a la acción de la insulina), inflamación y proliferación de células satélites musculares. Además, contrarrestan el efecto negativo que algunas adipokinas tienen (20). Para liberarlas a tu sangre solo tienes que….USAR EL MÚSCULO. Revisadas en este trabajo (21), algunas de estas prodigiosas miokinas y sus funciones son:
    • IL-6: tiene un papel anti-inflamatorio cuando su origen es muscular, disminuye TNF-α y aumenta la sensibilidad a la insulina (22,23).
    • IL-8.
    • IL-15: promueve la hipertrofia muscular y disminuye la masa grasa.
    • BDNF:
      • Actúa como facilitador de la neuroplasticidad, funcionando como factor trófico en nuestro cerebro.
      • Regula vías hipotalámicas que controlan la composición corporal (balance grasa-músculo).
      • Aumenta sensibilidad a insulina.
      • Es anorexígena, es decir, disminuye las ganas de comer.
      • Es lipolítica.
      • Se incrementa mucho más ante ejercicio de alta intensidad (24).
    • FGF-21: aumenta la sensibilidad a la insulina.
    • LIF: favorece la regeneración muscular y proliferación de células satélites.
    • Irisina: hormona lipolítica.
    • Antagonistas de la miostatina: decorina y follistatina. Se contraponen al efecto inhibidor muscular de la miostatina. El nombre de la última no es muy ortodoxo del todo.

MANIFIESTO PARA UNA PRESCRIPCIÓN EFECTIVA

Los objetivos de una buena prescripción de ejercicio deberían basarse en estos nueve elementos:

  1. Ejercicio con propósito. Antes que nada tenemos que hacer al paciente CREER en el ejercicio físico. El paciente debe tener claro el por qué va a empezar a hacer ejercicio. Utiliza los recursos que tengas: ciencia, experiencias personales, testigos de otros pacientes o ponerle las cartas sobre la mesa (“el acojoning”). Debemos crear una visión, un objetivo que permanezca en su cabeza cada vez que se ponga a sudar y a sentir la incomodidad del ejercicio físico. Si tiene un por qué suficientemente robusto encontrará el cómo hasta que el ejercicio se convierta en un hábito inconsciente y fácilmente perpetuable.
  2. Ante todo Adherencia. Antes que nada tenemos que conseguir que el paciente (agente) haga lo que le decimos. Motivar al cambio, inspirar, hacer creer a la persona que tienes enfrente en sí mismo/a. Tales aptitudes deben ser desarrolladas con la práctica y no la enseñan en la facultad de Medicina. Hoy en las consultas la falta de motivación tanto del profesional como del paciente, la falta de efectividad prescribiendo ejercicio, la escasez de tiempo para hacerlo, la poca familiaridad con el ejercicio y el escaso soporte socio-cultural llevan a cuotas de adherencia ridículas.
  3. Sé costo-efectivo. Además, debemos conseguir que los ejercicios a realizar sean lo más costo-efectivos posibles. Debemos conseguir el mayor impacto metabólico (y por tanto gasto energético) posible con el menor esfuerzo. No se trata de ser vagos, sino de ser inteligentes. Si la sentadilla es más costo-efectiva en estos términos que la flexión de bíceps, prioricemos la primera.
  4. Prescribe ejercicios seguros. Todos los ejercicios deben ser seguros y se deben tener ases en la manga para pacientes con osteoartropatías (más de la mitad de los obesos) y otros problemas.
  5. Y sencillos. La complejidad y espectacularidad de los ejercicios suele ser indirectamente proporcional a su utilidad. Queremos ejercicios básicos, simples y efectivos: sentadillas, zancadas, flexiones, dominadas, press de hombros y tabla abdominal. Estos seis ejercicios son todos los que necesitas. Deja el Curl de biceps invertido sobre Bosu y a una pierna para otro día. 
  6. Lo bueno si breve, dos veces bueno. Los 150 minutos a la semana de ejercicio son incompatibles para muchos con la vida moderna. Muchas personas no tienen la mitad de ese tiempo a la semana para estar con su familia. ¿De verdad crees que van a dedicarlo a andar en una cinta como Hamsters, más aún cuando es tan jodidamente ineficaz? ¿Lo harías tú? Yo desde luego no. Entrenamientos breves, no más de 15-20 minutos 2 o 3 veces a la semana es lo ideal para empezar.
  7. Intensidad es el ingrediente secreto. Es el ingrediente esencial de todo entrenamiento efectivo. El impacto metabólico y por tanto las adaptaciones que realizará tu cuerpo cuando termines la sesión de entrenamiento son directamente proporcionales a la intensidad del mismo. Sin intensidad no hay estímulo y sin estímulo no hay respuesta. Un paseo de 60 minutos, además de matarte de aburrimiento deja indiferente a la mayoría, por muchos beneficios a otros niveles que tenga.
  8. Dinamismo, por favor. Debemos evitar la monotonía. Los circuitos, el combinar tres o cuatro ejercicios de forma dinámica para realizar un entrenamiento exigente pero entretenido, da muy buenas resultados. Si queremos adherencia debemos evitar el aburrimiento. En este estudio el entreno de fuerza fue considerado más ameno que el “cardio”(25). Busquemos variedad, hay infinitas combinaciones de entrenamientos y cientos de alternativas para cada individuo. Recordemos que queremos crear una asociación emocional positiva en la persona. Si conseguimos que la experiencia peri-entrenamiento (pre, intra y post) llegue a ser placentera hemos ganado la batalla.
  9. Individualiza dosis y posología. Cada persona debe llevarse una prescripción determinada. Osvaldo de 210 kgs recibirá diferentes dosis y frecuencias de entreno que María de 85 kg y gonartrosis avanzada. Las principales variables a individualizar son: intensidad, frecuencia de entreno (días/semana), volumen (nº de series, repeticiones, ejercicios, etc.), tiempo de recuperación entre sesiones y ejercicios.

Hasta aquí nos quedamos por hoy. 

Gracias por tu lectura y a seguir creciendo queridos amigos empoderados y empoderadores.

MENSAJES PARA LLEVAR A CASA

  • El entreno de fuerza tiene una justificación hormonal, metabólica, estética, funcional y psicológica.
  • El entreno de fuerza es más efectivo y adecuado para el manejo de la obesidad y sobrepeso que el ejercicio cardiovascular.
  • El entrenamiento interválico de alta intensidad es igualmente más efectivo a todos los niveles que el “cardio” a baja-moderada intensidad.
  • Mayores niveles de fuerza se asocian a mayor calidad de vida, mientras que la sarcopenia es un fuerte predictor de mortalidad.
  • El personal sanitario desconoce como prescribir ejercicio de forma adecuada. La formación curricular o extra-curricular en este ámbito es una necesidad de primer orden.
  • Entre todos debemos deshacernos de los prejuicios existentes en cuanto a entreno de fuerza, las altas intensidades y el músculo.
  • Debemos aprender a individualizar las prescripciones de ejercicio y conocer las necesidades de cada paciente.
  • Tu cerebro y músculos están conectados por el factor neurotrófico BDNF. Ejercicio de alta intensidad facilita su liberación. Y tu cerebro te lo agradecerá muchísimo.
  • La sarcopenia es el enemigo número uno a evitar en el manejo de obesidad y sobrepeso. Si tienes delante un obeso, probablemente sea sarcopénico. Y cuanto antes empieces a revertir eso, mejor. 
  • Si queremos combatir la grasa debemos despertar al músculo para que este nos ayude a ello
  • No debemos olvidar el importante papel de las hormonas. Al utilizar tu masa muscular liberas un cóctel hormonal muy beneficioso para tu salud. Aprende a controlar tus hormonas.
  • El ejercicio cardiovascular tiene muchos beneficios a nivel cardiovascular, pero no protege el músculo de la sarcopenia, el enemigo número uno.
  • A la hora de prescribir ejercicio debemos hacer creer al paciente en la utilidad de lo que va a hacer. La adherencia es nuestro primer objetivo y la debemos conseguir con ejercicios seguros, sencillos, efectivos, lo más amenos posible e intensos.
  • La intensidad es el ingrediente secreto en la realización de ejercicio físico. Intensidad = gran impacto metabólico = grandes adaptaciones fisiológicas = efectividad.

Glosario: aprendiendo el idioma

Que JAMÁS os intimiden los nombres técnicos. La Medicina, la Astronomía, la política o la Nutrición SON LENGUAJES. Todos nos hemos sentido tontos alguna vez en el proceso de aprendizaje de un nuevo idioma. Con esta ciencia pasa exactamente igual.  Uno de los principales causantes, en mi opinión, de la desinformación en salud y nulo pensamiento crítico de la población no-médica no-científica (y de la medico-científica también) es el no conocer el idioma en que se habla. Si quieres dar un giro de 180 grados a tu salud y a tu vida deberás aprender a hablar el idioma. Para ello, regularmente crearé un glosario donde se explicarán términos médicos y biológicos de manera que sea entendible por el 95% de la población.

  • *Resistencia/Sensibilidad a la insulina: la insulina es una hormona liberada por el páncreas cuya principal misión es la introducción de glucosa en el interior de las células. Para que ese cometido se realice, además de la liberación de la insulina por el páncreas debe existir otro factor: que las células sean sensibles a su acción. Si la célula es sensible a la insulina, cuando esta llegue a la misma, se unirá a su receptor y permitirá el paso de la glucosa al interior de la célula. Si la célula es resistente a la insulina, la insulina puede liberarse (como ocurre en la diabetes tipo II), pero las células no responden a su acción, son resistentes. Esto implica que la glucosa se mantiene alta en la sangre, ya que no puede entrar en las células, causando la conocida hiperglucemia y los problemas que acarrea.
  • *Tejido adiposo: grasa
  • *Lipólisis: Lipo es grasa. Lisis es ruptura, fragmentación o disolución. Por lo que lipólisis es el proceso por el cual “quemamos” la grasa para conseguir energía.
  • *Lipogénesis: lo opuesto al anterior.
  • Proteólisis y proteogénesis: más de lo mismo
  • *Sarcopenia: proceso según el cual perdemos masa muscular debido a la edad y aquellos factores enemigos del músculo.
  • *Apoptosis: se trata de la muerte celular programada. Nuestro cuerpo es tan sabio que tiene un programa celular que les permite a las células quitarse de en medio cuando ya no son útiles.
  • *Especies reactivas de oxígeno (ERO): se tratan de la consecuencia de la respiración de la célula. Para que las células respiren y generen energía, necesitan oxígeno. En el propio proceso de respiración, las células producen otras sustancias que nos “oxidan”. Son las llamadas ERO, objetivo de la industria de los anti-oxidantes. El efecto que estas sustancias oxidantes produce sobre nosotros se conoce como "estrés oxidativo*".
  • *Interleukina: no son más que mensajeros, hormonas que las células liberan al medio extracelular para conferir un mensaje a sus semejantes.
  • *Adipokina: es una interleuquina producida por el tejido adiposo.
  • *Miokina: una interleuquina producida por el tejido musuclar
  • *Fibra muscular: equivalente a miocito o célula muscular.
  • *Hipertrofia muscular: aumento de tamaño de las fibras musculares
  • *Hiperplasia muscular: aumento de número de fibras musculares.
  • *Células satélites musculares: son células situadas alrededor de los miocitos con importancia en la hipertrofia y regeneración muscular.
  • *Fisiológico: es igual que decir "en estado de salud"
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6 comentarios

  1. Excelente artículo

    • ¡Muchas gracias Álvaro!

  2. Excelente es pobre. Con el tiempo que llevo estudiando la obesidad y todos sus parientes, un resumen tan didáctico como éste creo no haberlo leído nunca. Un placer. Gracias! Saludos desde Argentina.

    • Muchas gracias por tu apoyo. Saludos desde Málaga!

      Dr. Bandera

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