Quién es Borja Bandera

Quién es Borja Bandera
 \  Quién es Borja Bandera

Mi nombre es Borja Bandera, tengo 24 años, soy Médico y actualmente ejerzo como Médico Interno Residente (MIR) en Endocrinología y Nutrición. 

De familia humilde y militar, soy el primero que se dedica a la Ciencia.

Cuando me preguntan el cómo y por qué decidí dedicarme a la Medicina encuentro difícil responder.

Quizás los vagos recuerdos del hospital materno de Málaga cuando con seis años me diagnosticaron un Linfoma de Hodgkin hayan contribuido a ello.

Quizás aquellos profesionales que trataron de sacarme adelante hayan contribuido en secreto a ello.

Quién sabe.

Afortunadamente lo superé.

También superé el tratamiento pertinente a dicha enfermedad (seis ciclos de Quimioterapia y otros tantos de Radioterapia), que a un niño de seis años no le suelen sentar demasiado bien.

Alguna secuela poco importante vino de regalo y se ha quedado conmigo, pero solo puedo estar agradecido por lo bien que salió la cosa.

Por otro lado, crecí siendo un niño tremendamente curioso e inquisitivo, pero ante todo, feliz. Mi familia siempre ha luchado porque así fuera.

Prácticamente recuperado de mi enfermedad comencé a practicar Baloncesto en una escuela local asociada al club ACB Unicaja. Este deporte se convirtió durante muchos años en el eje rector de mi vida y transformé a los compañeros y entrenadores en una segunda familia.

Si algo tiene el deporte es su poder para mostrarte, sin florituras ni sobreañadidos, el precio a pagar por cualquier éxito en la vida. Si quieres minutos, si quieres ganar, si quieres un hueco, tienes que trabajar. No hay salida alternativa posible. No debe haberla. Y al menos esa lección me la llevé bien aprendida.

Como diría Nach, entre hermanos, sueños y partidos de baloncesto crecí.

Posteriormente, durante la E.S.O fui avivando mi interés por las ciencias, si bien nunca le hice ascos a las letras.

No me he considerado jamás especialmente brillante, pero hay que decir que nunca se me dio mal estudiar.

Sí me atrevo a decir, sin vergüenza ni tapujos, que pese a no ser el más inteligente, pocos me superaron en cuanto a capacidad de trabajo. 

Ese fue mi único superpoder, el que me ha llevado hasta donde estoy.

Meses antes de la selectividad y tras el final de una relación que no acabó del todo bien comenzó mi periplo en el mundo del desarrollo personal.

A mis manos llegaba un libro detrás de otro, que yo devoraba sin piedad. De todos ellos, me llevé un mensaje muy importante que los grandes nos llevan miles de años intentándonos transmitir:

Nosotros, como seres humanos, tenemos las herramientas necesarias para crear la vida que deseamos, no solo reaccionar ante las cartas que se nos ofrecen.

Solo hay que saber que las tenemos para poder utilizarlas.

A partir de entonces el mundo del crecimiento personal me atrapó. Era algo que iba conmigo a la perfección. Era lo mío. Me he empapado hasta entonces del trabajo de autores líderes en el campo: Napoleón Hill, Zig Ziglar, Jim Rhon, Anthony Robbins, Stephen Covey, Brendon Burchard, Alan Watts, Eckhart Tolle, y trabajos sobre Filosofía Budista, entre otros muchos.

Siempre me sorprendió lo poco desarrollado que estaba este sector en España, donde los textos de calidad sobre el tema escaseaban, siendo pocos los autores destacados, como Raimon Samsó.

También me costó separar el trigo de la paja, y rápidamente me di cuenta de que la charlatanería abunda en este mundillo y el afán de hacer dinero dando consejos absurdos, también (este patrón se repetiría posteriormente en el mundo de la Salud). El mundo de la autoayuda barata y los consejos de verdad, los realmente útiles, se apilan en el mismo montón y nunca es fácil distinguirlos. Hasta que aprendes a hacerlo. 

Por ello, fui afinando poco a poco el espíritu crítico. Ese que el sistema educativo se afana por eliminar, evitando que cuestionemos demasiado el mundo que nos rodea. ​

Fui saltando de un texto a otro, y a otro, y a otro. Devorando libros. Descartando unos, enamorándome de otros. Leer era y sigue siendo mi obsesión.

Y en poco tiempo el crecimiento, la mejora en cualquier área de la vida (física, mental, social, espiritual, profesional o personal) llegó a convertirse en mi motivo para levantarme cada mañana, mi insignia y mi propósito. Llegué a desarrollar una sana obsesión por descubrir cuáles son los ingredientes de una vida excelente.

¿Qué tienen, qué hacen y cómo piensan aquellos que viven apasionadamente y han dejado un legado detrás?

Esa pregunta me dio vida.

A la hora de elegir carrera, ese difícil y decisivo momento, no tenía mis ideas claras en absoluto. Sería una carrera de ciencias, eso sí.

Durante segundo de bachiller decidí que sería una carrera de Ciencias de la Salud.

Y días antes de enfrentarme a la selectividad decidí darle una oportunidad a la Medicina. Quizás ver en mis padres que la idea de tener un Médico en la familia les generaba tanta ilusión me ayudó a dar el paso.

Pese a los titubeos iniciales, fue la mejor decisión de mi vida hasta ahora y jamás me he arrepentido.

Tras mi entrada en la facultad nació el interés por mi segunda pasión: la salud.

Además, la encajé en ese marco de crecimiento personal como un elemento más, que potenciaba todo lo demás. Después de todo, una salud férrea constituye los cimientos sobre los que edificar una gran vida.

Empecé a interesarme por cuáles eran los determinantes de salud y enfermedad en la población, comencé a aprender sobre Nutrición y a aplicar los conocimientos aprendidos en mi vida.

Adquirí cierto conocimiento sobre entrenamiento físico también, que igualmente aplicaba en mis entrenamientos, que rutinariamente realizaba 6 días a la semana, sin excepciones.

Empecé a malear mi cuerpo, con buenos resultados.

Los años de estudio iban pasando. La Medicina te atrapa fácilmente y no deja lugar a demasiados hobbies.

Pero yo estaba determinado a no apartarme de mi estela de crecimiento, y así fue. Pude compaginar ambos mundos con resultados extraordinarios.

¿Por qué? Porque disfruto haciéndolo.

Muchísimo.

Igualmente, con el paso de los cursos fui dándome cuenta de cómo lo que aprendes, lo que tratan de transmitirte en la facultad y la realidad científica de la actualidad coincide escasamente.

Fueron surgiendo las recomendaciones obsoletas, diapositivas de los años 80 y profesores mediocres.

Todo ello daba rabia. No te lo esperabas.

Lo que nos estaban vendiendo no estaba en muchas ocasiones a la altura de las expectativas.

Tenía la inocente y virgen concepción de que Universidad iba a ser algo así como el templo del conocimiento, donde la veracidad y calidad de la información sería máxima. Pero no fue así.

La pregunta ¿me están formando o adoctrinando? revoloteaba frecuentemente por mi cabeza.

Todo esto fue conformando una de mis motivaciones para crear un blog como medio de divulgación científica de aquello que no se enseña en la Universidad, o se enseña equivocadamente.

El aprendizaje de nociones básicas en Metodología científica y manejo de literatura médica, junto a dos trabajos publicados justo antes de terminar el grado, me dieron un empujón, ya que el rigor científico escasea en internet, y pensé que yo podía contribuir a lo contrario.

No obstante, no hay que dejar de prestar atención a aquellas personas que saben brillar con luz propia. Profesores y compañeros, contados con los dedos del pie, que te levantan el espíritu con su actitud y buen hacer. Por ellos el viaje siempre merece la pena.

Y puedo decir que ha merecido la pena.

El 28 de Enero del 2017, tras 7 años de intensísimo estudio, después de más de 12.000 horas sentado en un escritorio, me enfrenté a la última prueba que los médicos tenemos que superar antes de dar el salto a la vida profesional: el examen MIR.

En dicha prueba, obtuve el puesto 845 de unos 12.500 aspirantes.

Aunque la posición es bastante favorable, mis expectativas eran más altas, lo cual no hace sino recordarme lo mucho que tengo que mejorar aún en todos los aspectos.

Concluyendo, Empoderamiento por Bandera es un proyecto que nace en la intersección de mis dos pasiones: la salud y el crecimiento personal, entendido como el afán de superación inherente al ser humano. 

Meses después, nació mi canal de Youtube (Borja Bandera), donde trato de empoderar individuos en formato vídeo. 

Motivado por el deseo de difundir información de calidad, y animado por otros jovencísimos revolucionarios que se han hecho su hueco en la red, aportando su grano o montaña de arena al mundo, me dispongo a transmitir conocimiento y herramientas que puedan empoderar al individuo, sin más objetivo que el aportar valor para mejorar la vida de tantas personas como me sea posible.

Desde Málaga, con gran entusiasmo:

Borja Bandera

“No te conviertas en un hombre de éxito, sino en un hombre de valor”
Albert Einstein


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